MARIE MORETTI
América nunca me había parecido tan grande y tan vacía como desde que dejamos Italia. Todo era perfecto aquí: la casa, el colegio, incluso la paz que no habíamos tenido en mucho tiempo. Pero nada, nada se comparaba con lo que me faltaba: Josh.
Me refugiaba en mis clases, en las tareas, en mis dibujos, pero la verdad es que cada noche lloraba en silencio en mi habitación. Y papá lo sabía. Una tarde, mientras regresábamos del colegio, sentí su mano acariciar mi cabeza con esa ternur