ADELINE DE FILIPPI
Lucien ya no estaba.
Y, sin embargo, todo en esta casa me hablaba de él. El eco de su risa en los pasillos, el crujir de sus pasos subiendo la escalera que desaparecieron años atras, esa manera única de pronunciar mi nombre como si detuviera el mundo solo con mirarme.
Llevaba años lejos, y yo había creído que eso era lo que quería. Que lo necesitaba lejos para poder respirar. ¿No era eso lo que pedía? Que me dejara en paz. Que no me ahogara. Que no intentara salvarme todo el