SILVANO DE SANTIS
No todo lo que le dije a Adeline fue una mentira.
Sí, me entrenaron desde pequeño.
Pero no para ser soldado de un ejército.
Mi entrenamiento fue para algo más cruel.
Fui preparado para dirigir una organización. Para convertirme en jefe. En el próximo nombre que nadie pronunciaría, pero todos temerían.
Mientras otros niños aprendían a montar bicicleta, yo aprendía a leer códigos y armar armas. Mientras mis compañeros jugaban fútbol, yo memorizaba rutas de contrabando y contacto