ADELINE DE FILIPPI
—Supongo que lo mandaste a dormir al sofá, ¿verdad? —dijo Lucy, cruzándose de brazos con una ceja alzada y una sonrisa maliciosa—. Porque si no, Addy, te lo juro que voy yo misma y lo lanzo con almohada y todo.
—¡Lucy! —protesté, aunque no muy convencida.
—Pienso lo mismo —intervino Kiara con tono seco—. Lo mínimo que se merece Lucien es dormir una semana en el sofá. ¿Quién le manda a jugar con los sentimientos de Marie como si fueran fichas del ajedrez Moretti?
—Ya me desqui