Él se quedó.
MARIE MORETTI
Desperté con la cabeza palpitando y la garganta seca. Pero no fue eso lo que me hizo abrir los ojos.
Fue el calor.
El calor de unos brazos fuertes envolviéndome.
El calor de un cuerpo junto al mío.
El calor de una respiración acompasada, muy cerca.
Tardé unos segundos en recordar dónde estaba. La habitación era la mía, sí… pero distinta. Más tibia. Más segura. Más real.
Y entonces lo sentí.
El brazo de Josh cruzado sobre mi cintura, cubriéndome incluso por encima de las mantas. Su