ADELINE DE FILIPPI
Bajar las escaleras de la mansión con Anny a mi lado era como caminar dentro de un sueño. El salón estaba lleno de luces, flores blancas y un aire de expectación que erizaba la piel. En medio de todo, dos voces familiares resonaban antes siquiera de que pudiéramos poner un pie en el último escalón.
—¡Mis niñas hermosaaas! —exclamó el tío Armando, vestido impecablemente, con su libreta en mano y esa sonrisa que llenaba la sala.— vengan a abrazar a tu tío favorito.
Albert, a su