ADELINE DE FILIPPI
Bajar las escaleras de la mansión con Anny a mi lado era como caminar dentro de un sueño. El salón estaba lleno de luces, flores blancas y un aire de expectación que erizaba la piel. En medio de todo, dos voces familiares resonaban antes siquiera de que pudiéramos poner un pie en el último escalón.
—¡Mis niñas hermosaaas! —exclamó el tío Armando, vestido impecablemente, con su libreta en mano y esa sonrisa que llenaba la sala.— vengan a abrazar a tu tío favorito.
Albert, a su lado, lo empujó suavemente con el codo.
—No empieces, Armando, que yo soy el tío favorito.
—¡Favorito yo! —replicó él, abriendo los brazos hacia nosotras—. Princesas, ¿qué les parece? ¿Les gusta cómo está quedando todo?
Me llevé una mano al pecho, con la emoción subiéndome a la garganta.
—Tío… está hermoso.
—Lo que merecen mis princesas —contestó Armando, con un orgullo que lo hacía parecer más padre que padrino.
Albert no se quedó atrás y nos abrazó igual de fuerte, haciendo que ambas nos riér