NOAH ALBERTI
El edificio que habíamos atacado había quedado reducido a polvo, sangre y cenizas.
Las paredes retumbaban aún con los ecos de los gritos.
De los disparos.
De los niños que no sabían si salir corriendo… o seguir llorando.
No me importaban los escombros.
Ni los cadáveres.
Solo los niños.
Caminé entre los restos mientras los paramédicos del equipo los evaluaban uno a uno.
Algunos estaban dopados.
Otros simplemente en shock.
Uno de ellos tenía las uñas comidas por el miedo de estar en