ADELINE DE FILIPPI
La luz se colaba a través de las cortinas, bañando la habitación en tonos suaves y cálidos.
Era tarde.
Muy tarde para que Lucien Moretti no estuviera ya con una taza de café en una mano y su celular en la otra, lanzando órdenes, revisando informes, y diciéndome que deje de usar papel porque "los árboles también merecen vivir".
Pero el lado de la cama… seguía ocupado.
Me giré con cuidado y lo miré.
Lucien dormía.
Lucien.
Dormido.
Profundamente.
Como si el mundo no pesara sobre