Los meses pasaron rápido. Ara había tenido a su bebé, una hermosa niña de ojos negros como su padre y cabello rubio como su madre. Lucien era el más feliz; la cuidaba como si fuera de cristal. Addy hacía lo mismo.
—Mami, ¿cuándo llegarán mis hermanitos? Ya quiero conocerlos —preguntó Addy con ilusión.
—Falta poco, cariño. Será en cualquier momento.
—Vamos, Addy, juguemos con mi hermanita mientras —dijo Lucien, llevándola de la mano.
Los negocios de Bastien y Kate iban bien. La casa de moda flor