Seis horas después, la puerta de la habitación se abrió con suavidad.
—¿Podemos pasar? —preguntó una vocecita suave, asomándose con grandes ojos brillantes.
Era Addy, tomada de la mano de Lucien, quien caminaba con paso firme y protector. Detrás venían Lucca y Ara, que los habían traído desde casa.
—¡Mami! —exclamó Addy corriendo hacia la cama de Kate.
Kate, aún algo cansada, la abrazó con ternura mientras Bastien sonreía, con los brazos cruzados junto a la cuna de los gemelos.
—¿Dónde están? —