SILVANO DE SANTIS
Supe que lo había arruinado en cuanto el primer cuello crujió entre mis manos.
El silencio en el local fue más ensordecedor que los disparos. Vi sus miradas. Vi el rostro de Addy, pálido, tembloroso. Y lo peor: vi los ojos de Lucien, fijos en mí como si acabara de mostrar mi verdadera piel.
Porque eso hice.
Me despojé de mi disfraz. De mi fachada. Del personaje que durante meses perfeccioné.
Adiós, Silvano el asistente.
Hola, Silvano, el fantasma de la mafia italiana. El jefe