Los doctores habían llegado con pasos profesionales y voces suaves, pero para Lysandra todo era demasiado.—Solo necesitamos revisar unas cicatrices —dijo uno de ellos, acercándose con guantes limpios.El mundo se le cerró.No, no.Las imágenes, el dolor, las manos ajenas, el pasado… todo volvió de golpe. Su respiración se aceleró, la vista se le nubló y, antes de que alguien pudiera detenerla, se levantó de la camilla.—No… no —murmuró, retrocediendo—. No me toquen. Los gritos se escucharon en toda la mansión; pronto los empleados se empezaron a preocupar.La muchacha salió corriendo del cuarto, el corazón golpeándole con violencia en el pecho.Kiki, la empleada, fue la primera en reaccionar. La vio pasar pálida, desorientada, con los ojos llenos de terror.—¡Señor Kael! —avisó de inmediato por el comunicador—. Lysandra… se fue.En el ala infantil, la pequeña Nyra comenzó a llorar desconsolada. Había escuchado a los empleados murmurar. Sabía que Lysandra estaba asustada, rota por den
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