Muchísimos años después…
El cielo estaba gris.No por la llegada de ninguna tormenta, sino por respeto. El clima respondía a la tristeza de la partida de dos personas que había transformado la manada de hierro en un lugar seguro para culquier lobo que quisiera realizar su vida en paz, alli.
El claro central de la Manada de Hierro estaba cubierto de lobos en silencio absoluto. Estandartes negros ondeaban suavemente entre los árboles. Las antorchas ardían con llamas altas, firmes, ceremoniales.
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