Jarek apenas podía con su alma.
No entendía el porqué, siempre fue un hombre muy fuerte, su lobo interior era feroz, pero se sentía extraño, cansado, herido, como dominado por algo oscuro e incontrolable, algo de lo que no podía alejarse.
Solo quería dormir, apagar su cerebro, descansar.
Al llegar a su habitación, cerró la puerta con torpeza y se dejó caer sobre la cama sin siquiera quitarse las botas. Un suspiro largo escapó de sus labios antes de que la inconsciencia lo reclamara por completo.