Narella intentó apartarlo. Sus manos temblaban, presionando su pecho desnudo con desesperación.
Quiso huir de ese beso ardiente que la arrastraba como fuego en la piel, pero su cuerpo... su cuerpo no le obedecía. Era como si todo lo que ella era se disolviera en ese instante.
—P-príncipe... —murmuró, sin aliento, con los labios aun temblando.
Pero Alessander no parecía oírla. Sus ojos, antes tan intensos, oscuros como la noche sin luna, ardían con un deseo salvaje.
Sus manos acunaban su rostro c