Lejos de allí.
El barco finalmente encalló en la orilla rocosa de una tierra extraña y desolada.
El viento soplaba con violencia, levantando espirales de escarcha y arena húmeda, y el cielo gris parecía a punto de tragarse al mundo entero.
El príncipe Alessander fue el primero en ponerse de pie. Sus botas chocaron con la madera mojada mientras avanzaba hacia el borde del navío.
Desde ahí, el camino era claro, pero no por eso fácil. Terreno frío, escarpado, traicionero… y oscuro como la desespera