Mundo ficciónIniciar sesión—¡Est-oy Emba..raza-da! —¿Una Omega tartamuda que lleva al heredero de un alfa? ¡Un cachorro débil y discapacitado deshonraría a toda la línea Alfa! ¡Deshazte de él! Ella creyó que su embarazo finalmente traería esperanza; en cambio, se convirtió en su pesadilla. Traccionada y rechazada por quien ella amaba, huyo de aquella manada. Cinco años después, es la misteriosa Sanadora, regresando a la manada con sus cachorros para vengarse. -Prometo que te seremos fiel, amor... Sólo una oportunidad... ¡Son nuestros cachorros! —¡Nos querías muertos! ¿Cómo puedes reclamarlos ahora? -le recordó con voz fría.
Leer más—¡Puta asquerosa tartamuda! ¿¡De quién es ese engendro que llevas dentro!? —mi madrastra me dio una bofetada en la cara delante de la doctora quien ya me miraba con despreció.
Me dolió muchísimo y estaba segura de que me iba a dejar un moretón horrible. Apreté los dientes, pero me negué a hablar, aunque estaba temblando, incluso respirar se sentía pesado.
—¿Qué clase de cosas sucias has estado haciendo, Celine? ¿Estás tratando de arrastrar más mi nombre por el barro? —mi padre siseo, ni siquiera se detuvo, su mano me acarició la otra mejilla, golpeándome tan fuerte que ni siquiera pude distinguir dónde estaba durante unos segundos.
Una omega sin lobo ni pareja que se quedara embarazada era suficiente para sacudir a toda la manada. Eso era inaceptable. El consejo estaría furioso.
—Celine, ¿sabes siquiera quién es el padre? —La voz de mi media hermana sonó fuerte. Era mayor que yo, pero nunca intentó guiarme ni tratarme como a una hermana. En cambio, le susurró veneno al oído a mi padre.
Pero lo que más me dolió fue que tenía razón.
No sabía quién era el padre.
Hace tres meses atrás:
Como omega trabajaba en la casa de la manada, mi primer celo me azotaba como una tormenta insalvable, no sabía cómo había pasado esto porque no tenía un lobo. La fiebre me llegó a los huesos, extendiéndose caliente e implacable hasta que sentí que mi piel ardía. Recuerdo tropezar por los pasillos de la manada, con el sudor empapando mi camisón, con un hambre que nunca antes había sentido. Un hambre que jamás había imaginado. El aire estaba impregnado del aroma a pino y tierra del bosque exterior, pero solo podía pensar en alivio. Escapar.
No pretendía acabar en su puerta. O quizás sí. No lo sabía. La habitación de descanso de alfas estaba al final del ala este, el único lugar al que nunca iba, eran los próximo gobernantes del Norte, sur y este. Los tres eran alfas poderosos, median más de 1.96 metros, musculosos y muy guapos.
Pero esa noche, mi cuerpo me llevó allí como una polilla a la llama. O quizás la Diosa de la Luna me llevó allí. Empujé la puerta y allí estaban: sin camisa, con los ojos dorados brillando en la penumbra, los músculos tensos como si estuvieran luchando contra sus propios demonios.
Trague saliva, ante la vista, un deseo desconocido se encendió dentro mí, la sensación se deslizó por todo mi cuerpo hasta llegar a su punto más sensible entre sus muslos.
—¡Chic…os! —balbuce. Mi corazón empezó a acelerarse y estaba confundida.
¿Por qué me atraían los tres? Eran mis mejores amigos. Se suponía que un flechazo era solo por una persona, ¿verdad? Pero me sentía diferente con cada uno de ellos.
Otro episodio de calor invadió su cuerpo, su espalda se arqueó contra la pared.
Un gemido se escapó de mis labios e instantáneamente mi mano se estiró para taparme la boca. Por instinto comencé a sacarme la ropa, quedando en una simple ropa interior.
Todos gruñeron lo bajo, sus miradas lascivas escanearon mi cuerpo de pies a cabeza.
Sentí una atracción tan profunda que me dejó sin aliento. Crucé la habitación sin poder contenerme, con las manos sobre el pecho de uno de ellos y los labios chocando con los suyos.
Y después todo fue confuso en el instante en que nuestras pieles se tocaron. Predestinado. Innegable. Todos fuimos incapaces de detenerlo.
—Celine —susurraron mi nombre contra mi piel como una plegaria. O una maldición. Cuando me penetró cada uno no hubo pausa, ni protección. Simplemente me tomaron, me reclamaron.
Sentí cada momento con ellos. Sus susurros y promesas de nunca dejarme me hicieron sentir segura de estar con todos ellos.
La noche terminó y todos nos quedamos dormidos. Esperaba despertar con ellos a mi lado, aferrándome a las promesas que hicieron.
Pero me desperté sola, envuelta en una manta y desnuda debajo. Me incorporé rápidamente, confundida y sorprendida. Se habían ido.
En el fondo, sabía la verdad. Como tarta-muda de sangre ilegítima era una vergüenza.
La peor parte llegó cuando un guardia me saco arrastra diciéndome que ya no era necesario que volviera, los alfas no me querían volver a ver nunca más por allí.
...
—¿Qué le vamos a decir a alfa Dawson? Se suponía que se las íbamos a entregar en tres días. Nos va a matar. Diosa, ¿por qué no se murió con la zorra de su madre? —se quejó mi madrastra sin parar haciéndome salir de mi trance. Sentí su asco en su voz aguda.
Se me saltaron las lágrimas. Lo único que le preocupaba era todo el oro que le pagaría ese viejo alfa por mí, para ellos solo era un objeto.
No esperaba nada bueno de ellos, pero sus comentarios mordaces aún me dolían. Ya debería haberme acostumbrado, pero no lo hice. ¿Cómo puede uno acostumbrarse a la crueldad?
Sinceramente, yo también estaba molesta con la Diosa de la Luna. ¿Por qué no me mató junto a mi madre? De todas formas, me moría a diario. Sus burlas, sus miradas... nunca cesaban.
—No hace falta decirle nada a nadie. Nos libraremos de ese engendro —declaró mi padre apuntando mi vientre con su dedo índice. Lo miré de golpe. Sus palabras me pincharon la piel como mil agujas.
Mis instintos se despertaron como la oreja de un perro ante el peligro, inconscientemente, me rodeé el vientre con el brazo y retrocedí un paso.
-Tu, deshazte de eso ahora mismo -le dijo mi padre al doctor sin apartar la mirada de mí, llena de advertencia.
Fue como una daga en mi corazón.
Intentó arrastrarme hasta la puerta, pero por primera vez en mi vida, me defendí. Tenía algo por lo que valía la pena luchar. No iba a perder a mi cachorro sin luchar.
Alfa Daemon: —¿Cómo está tu amigo? —preguntó mi padre cuando entré en la mansión. Tiré las llaves del coche sobre la mesa de centro junto a la ventana de la entrada. Me sentía cansado. —Ha perdido la cabeza, para ser honesto. No sé si siquiera se da cuenta del lío en el que se ha metido —respondí, sacudiendo la cabeza con incredulidad y haciendo un gesto cansado con la mano a mi padre. —He notado esto en él bastante a menudo. Elian es muy emocional. Comete errores por sus emociones —respondió mi padre, extendiendo una mano sobre la mesa y con una expresión tranquilamente preocupada por lo que le estaba pasando. —¿Cómo te fue hoy con Celine? Me refiero a convencerla —cambié de tono y me rasqué la nuca al hablar de ella. —Bueno, lo hicimos. La convencimos —respondió mi padre. Antes de que pudiera reaccionar, se movió en su asiento—. El caso es que pasó algo más. ¿No abriste internet ni revisaste tu teléfono? —¿Qué pasó? Por favor, dime que Celine no comentó nada sobre mí —m
Celine:No soy de las que les gusta hacer que la gente se siente a mis pies o se disculpe así, tampoco de las que querrían que una anciana fuera humillada así delante de todos. Pero era importante.Estas personas lo habían hecho demasiadas veces como para que yo simplemente lo dejara pasar, porque cada vez que los perdonaba sin consecuencias, volvían peor, pensando que no enfrentarían ningún castigo.Así que esta vez, era importante para mí mostrarles que la próxima vez debían pensarlo dos veces, porque yo llegaría tan bajo como ellos por venganza.Así que cuando Kaylee se sentó a mis pies, no me detuve ahí. La hice tocar mi pie y disculparse conmigo.—Está bien, Kaylee. Estás embarazada. No te inclines así. Nunca quise que te sentaras a mis pies y me pidieras disculpas. Solo quería que entendieras lo que hiciste mal y que nunca le hicieras eso a otra mujer, a una madre, a una esposa o a una hija —susurré en tono dramático porque me di cuenta de que eso la ponía de los nervios.Era ob
Alfa Daemon:—No entiendo. ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué llamaste a los malditos medios después de que fuiste tú quien...? —me quedé en silencio—. Oh, por la diosa luna, Elian, eres un idiota.Ni siquiera pude terminar una frase criticándolo antes de pasar a la siguiente. Las cosas que me dijo, las cosas que le hizo a ella seguían dando vueltas en mi mente. Estaba muy molesto.Lo que más me molestó fue que Elisa estaba enferma y este idiota decidió echarla solo porque su madre no quería acostarse con él en ese momento. Seguía repitiéndose en mi cabeza.—Simplemente sucedió, amigo —murmuró, tomando otro trago de vino frente a mí.—No, no debería haber pasado —espeté, viéndolo sentarse allí tan cómodamente mientras yo perdía la cabeza. Me hizo creer que se merecía lo que le pasara—. Tu hija estaba enferma. ¿Cómo demonios pudiste pensar en otra cosa en ese momento? ¿Y cómo esperabas que reaccionara Celine cuando le pediste que fuera tu amante mientras su hija se moría en el asiento tras
—Y entonces me enfadé, ¿vale? Así que le tiré la bebida encima.Kaylee hizo una pausa para observar mi reacción, y yo asentí levemente varias veces, ofreciéndole una mirada tranquilizadora para demostrarle que no había hecho nada malo.—Quiero decir, te llevó al límite. Lo entiendo, Kaylee —dije, extendiendo la mano hacia la suya, pero ella se apartó y evitó mi contacto.Parte de la razón por la que Celine la trató tan mal fue porque le había hecho creer que Kaylee era inferior a ella al intentar repetidamente tener intimidad con Celine.Kaylee cerró los ojos. Había visto la marca en su mejilla. Había estado esperando a que me dijera de quién era la huella de la mano.—Y entonces Celine me abofeteó.Volvió a levantar la vista, y esta vez no sollozó. Simplemente me miró con dolor en los ojos.Apreté los puños, pero no moví ningún otro músculo. Miré fijamente a Kaylee mientras mi ira se dirigía a Celine.—Me abofeteó tan fuerte, Daemon. Si mis guerreros no hubieran estado allí, me habrí





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