Luna muda y sus cachorros secretos

Luna muda y sus cachorros secretosES

Hombre lobo
Última actualización: 2026-01-20
Trébol  Recién actualizado
goodnovel18goodnovel
0
Reseñas insuficientes
10Capítulos
12leídos
Leer
Añadido
Resumen
Índice

—¡Est-oy Emba..raza-da! —¿Una Omega tartamuda que lleva al heredero de un alfa? ¡Un cachorro débil y discapacitado deshonraría a toda la línea Alfa! ¡Deshazte de él! Ella creyó que su embarazo finalmente traería esperanza; en cambio, se convirtió en su pesadilla. Traccionada y rechazada por quien ella amaba, huyo de aquella manada. Cinco años después, es la misteriosa Sanadora, regresando a la manada con sus cachorros para vengarse. -Prometo que te seremos fiel, amor... Sólo una oportunidad... ¡Son nuestros cachorros! —¡Nos querías muertos! ¿Cómo puedes reclamarlos ahora? -le recordó con voz fría.

Leer más

Capítulo 1

Capítulo 1

—¡Puta asquerosa tartamuda! ¿¡De quién es ese engendro que llevas dentro!? —mi madrastra me dio una bofetada en la cara delante de la doctora quien ya me miraba con despreció. 

Me dolió muchísimo y estaba segura de que me iba a dejar un moretón horrible. Apreté los dientes, pero me negué a hablar, aunque estaba temblando, incluso respirar se sentía pesado.

—¿Qué clase de cosas sucias has estado haciendo, Celine? ¿Estás tratando de arrastrar más mi nombre por el barro? —mi padre siseo, ni siquiera se detuvo, su mano me acarició la otra mejilla, golpeándome tan fuerte que ni siquiera pude distinguir dónde estaba durante unos segundos.

Una omega sin lobo ni pareja que se quedara embarazada era suficiente para sacudir a toda la manada. Eso era inaceptable. El consejo estaría furioso.

—Celine, ¿sabes siquiera quién es el padre? —La voz de mi media hermana sonó fuerte. Era mayor que yo, pero nunca intentó guiarme ni tratarme como a una hermana. En cambio, le susurró veneno al oído a mi padre.

Pero lo que más me dolió fue que tenía razón.

No sabía quién era el padre.

Hace tres meses atrás: 

Como omega trabajaba en la casa de la manada, mi primer celo me azotaba como una tormenta insalvable, no sabía cómo había pasado esto porque no tenía un lobo. La fiebre me llegó a los huesos, extendiéndose caliente e implacable hasta que sentí que mi piel ardía. Recuerdo tropezar por los pasillos de la manada, con el sudor empapando mi camisón, con un hambre que nunca antes había sentido. Un hambre que jamás había imaginado. El aire estaba impregnado del aroma a pino y tierra del bosque exterior, pero solo podía pensar en alivio. Escapar.

No pretendía acabar en su puerta. O quizás sí. No lo sabía. La habitación de descanso de alfas estaba al final del ala este, el único lugar al que nunca iba, eran los próximo gobernantes del Norte, sur y este. Los tres eran alfas poderosos, median más de 1.96 metros, musculosos y muy guapos.

Pero esa noche, mi cuerpo me llevó allí como una polilla a la llama. O quizás la Diosa de la Luna me llevó allí. Empujé la puerta y allí estaban: sin camisa, con los ojos dorados brillando en la penumbra, los músculos tensos como si estuvieran luchando contra sus propios demonios.

Trague saliva, ante la vista, un deseo desconocido se encendió dentro mí, la sensación se deslizó por todo mi cuerpo hasta llegar a su punto más sensible entre sus muslos.

 —¡Chic…os! —balbuce. Mi corazón empezó a acelerarse y estaba confundida.

 ¿Por qué me atraían los tres? Eran mis mejores amigos. Se suponía que un flechazo era solo por una persona, ¿verdad? Pero me sentía diferente con cada uno de ellos.

Otro episodio de calor invadió su cuerpo, su espalda se arqueó contra la pared. 

 Un gemido se escapó de mis labios e instantáneamente mi mano se estiró para taparme la boca.  Por instinto comencé a sacarme la ropa, quedando en una simple ropa interior.

Todos gruñeron lo bajo, sus miradas lascivas escanearon mi cuerpo de pies a cabeza.

Sentí una atracción tan profunda que me dejó sin aliento. Crucé la habitación sin poder contenerme, con las manos sobre el pecho de uno de ellos y los labios chocando con los suyos.

Y después todo fue confuso en el instante en que nuestras pieles se tocaron. Predestinado. Innegable. Todos fuimos incapaces de detenerlo.

—Celine —susurraron mi nombre contra mi piel como una plegaria. O una maldición. Cuando me penetró cada uno no hubo pausa, ni protección. Simplemente me tomaron, me reclamaron.

Sentí cada momento con ellos. Sus susurros y promesas de nunca dejarme me hicieron sentir segura de estar con todos ellos.

La noche terminó y todos nos quedamos dormidos. Esperaba despertar con ellos a mi lado, aferrándome a las promesas que hicieron.

Pero me desperté sola, envuelta en una manta y desnuda debajo. Me incorporé rápidamente, confundida y sorprendida. Se habían ido.

En el fondo, sabía la verdad. Como tarta-muda de sangre ilegítima era una vergüenza.

La peor parte llegó cuando un guardia me saco arrastra diciéndome que ya no era necesario que volviera, los alfas no me querían volver a ver nunca más por allí.

... 

—¿Qué le vamos a decir a alfa Dawson? Se suponía que se las íbamos a entregar en tres días. Nos va a matar. Diosa, ¿por qué no se murió con la zorra de su madre? —se quejó mi madrastra sin parar haciéndome salir de mi trance. Sentí su asco en su voz aguda. 

Se me saltaron las lágrimas. Lo único que le preocupaba era todo el oro que le pagaría ese viejo alfa por mí, para ellos solo era un objeto.

No esperaba nada bueno de ellos, pero sus comentarios mordaces aún me dolían. Ya debería haberme acostumbrado, pero no lo hice. ¿Cómo puede uno acostumbrarse a la crueldad?

Sinceramente, yo también estaba molesta con la Diosa de la Luna. ¿Por qué no me mató junto a mi madre? De todas formas, me moría a diario. Sus burlas, sus miradas... nunca cesaban. 

—No hace falta decirle nada a nadie. Nos libraremos de ese engendro —declaró mi padre apuntando mi vientre con su dedo índice. Lo miré de golpe. Sus palabras me pincharon la piel como mil agujas. 

Mis instintos se despertaron como la oreja de un perro ante el peligro, inconscientemente, me rodeé el vientre con el brazo y retrocedí un paso.

-Tu, deshazte de eso ahora mismo -le dijo mi padre al doctor sin apartar la mirada de mí, llena de advertencia. 

Fue como una daga en mi corazón.

Intentó arrastrarme hasta la puerta, pero por primera vez en mi vida, me defendí. Tenía algo por lo que valía la pena luchar. No iba a perder a mi cachorro sin luchar.

Desplegar
Siguiente Capítulo
Descargar

Último capítulo

Más Capítulos

Também vai gostar

Nuevas novelas de lanzamiento

Último capítulo

No hay comentarios
10 chapters
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP