En el reino de Rosso
Alessia llevó instintivamente las manos a su vientre. Su loba, inquieta y protectora, podía sentir la pequeña vida que latía en su interior.
—Debe cuidarse mucho, alteza —dijo la curandera con voz firme—, pero ahora… su cachorro y usted están sanos.
El alivio que sintió fue como un respiro que llevaba días sin poder darse. Asintió en silencio, con una mezcla de gratitud y temor. El peligro inmediato había pasado, pero su corazón sabía que todo dependía de que Alessander volv