PROFESIA.
EMELY.
La noche cayó rápido, Me mantuve alerta, escuchando el silencio del pasillo, pero Olivar no llegó. Aunque la angustia intentaba treparme por la garganta, me obligué a no usar la conexión mental. No quería distraerlo; si estaba en la frontera, necesitaba todos sus sentidos puestos en el peligro, no en responder mis dudas.
Acompañé a Aleria a su habitación. La niña estaba rendida después de pasar horas entre pinceles y colores. La ayudé a acomodarse entre las sábanas y ella me miró con los