EMELY.
Me quedé helada. El aire se escapó de mis pulmones como si me hubieran golpeado en el estómago.
—¿De qué estás hablando? —mi voz fue apenas un susurro.
—Estás embarazada, Emely —sentenció Elena.
El monitor cardíaco empezó a pitar con una frecuencia errática, reflejando el estallido de mi pulso. Olivar se quedó petrificado, con la mano aún extendida hacia Elena, procesando la información como si fuera un código indescifrable. Magnus, al fondo, dejó escapar un suspiro que pareció un rugido