EMELY.
Intenté aferrarme a su chaqueta, pero mis manos no respondieron. Kia se había hundido en un sueño profundo y oscuro, dejándome sola con un cuerpo humano que ya no recordaba cómo cargar con tanto peso. El llanto del bebé de Mara se convirtió en un eco distorsionado y luego, el silencio absoluto.
Desperté con el olor punzante del alcohol y el sonido rítmico de un monitor. No estaba en casa. La luz blanca del techo me obligó a cerrar los ojos de nuevo.
—No intentes levantarte —la voz de Ele