EMELY.
Habían pasado tres meses. El invierno comenzaba a ceder terreno a una primavera tímida que teñía de verde los bosques de la manada de Garino. Tres meses desde que el quirófano de Elena se convirtió en el escenario de un milagro y una pesadilla a la vez. Mi cuerpo, ahora más fuerte y vibrante bajo el linaje de la Gama, ya mostraba una curva incipiente en el vientre; un recordatorio constante de que la vida no se detiene ante las ruinas.
Caminé por el sendero de tierra hacia el límite del