EMELY.
—¡Suéltala, Vargo! —rugí, y mi voz salió con un eco que hizo que los cristales de los ventanales vibraran.
En la pantalla, la figura de Vargo permanecía creyéndose el rey. una silueta deformada por la maldad. Elena, con el cabello empapado en sudor y sangre, jadeaba pesadamente, pero al escuchar mi voz, levantó la vista con un resto de orgullo en sus ojos de loba.
—Ven y rescátala tú misma, pequeña Gama —respondió Vargo con una voz que goteaba veneno—. Te estoy dando la ubicación en band