EMELY.
—Te desprecié hace milenios cuando intentaste reclamarme como si fuera un trofeo, y te desprecio ahora que te escondes en las sombras. Cada vez que le arrancas un trozo a ella, confiesas ante el mundo que no tienes poder sobre mí. Solo los cobardes atacan lo que no pueden poseer.
Vargo, fuera de sí, golpeó algo cerca de la cámara. El sonido del metal chocando resonó en toda la sala.
—¡Tú me convertiste en esto! —bramó Vargo—. ¡Tu rechazo me condenó a las sombras!
—No, Vargo —replicó Kia