Aniela se quedó temblando en su puesto. Jamás había visto a Christopher tan molesto.
—Se me está saliendo de las manos y no puedo permitir eso —dijo en voz alta apretando los puños con rabia—, tengo que buscar la manera de volver a tenerlo en mis manos. ¡Cómo sea!
Christopher tomó una ducha rápida. Olía a hospital y a sudor. Después de colocarse un shorts y una camisa de casa, entró a la habitación de Mateo. Lo encontró en un rincón, con la cabeza metida en sus rodillas llorando.
—¿Qué ocurre b