El sol de primavera bañaba con calidez el amplio jardín trasero de la mansión Langley-Miller. El césped, perfectamente recortado, lucía salpicado de mantas florales, mesas largas de madera rústica y farolillos blancos colgados entre los árboles. Unos globos color pastel se balanceaban con la brisa suave, y sobre una mesa principal, decorada con un mantel de lino y flores frescas, destacaba un pastel de varios niveles coronado por un letrero en cursiva: "Feliz primer año, Eva y Cielo”
Había músi