Mundo ficciónIniciar sesiónPara Axel Won, su matrimonio con Carolina Langford no fue más que una farsa, una estrategia egoísta para recuperar a la mujer que en realidad amaba . Sin embargo, para Carolina, aquel vínculo representaba todo: su primer amor, su primer hombre... y su primera gran decepción. Carolina creyó que había encontrado al hombre de sus sueños, sin imaginar que estaba siendo usada como una simple herramienta en los planes de Axel. La desilusión llegó de forma devastadora cuando él, sin previo aviso, le extendió los papeles de divorcio. Ella suplicó, rogó, se humilló… pero al final, no tuvo otra opción más que firmar, con el corazón roto. Hundida en la tristeza, Carolina descubrió días después que estaba embarazada. La esperanza de un nuevo comienzo se encendió dentro de ella, pero no por mucho tiempo. Cuando Axel se enteró del embarazo, no solo no mostró compasión, sino que provocó —de forma cruel e inhumana— la pérdida del bebé que Carolina ya amaba profundamente. Desgarrada por el dolor y la traición, Carolina juró alejarse para siempre del hombre que la destruyó, alimentando un odio tan profundo como el amor que una vez sintió. Pero el destino aún le guardaba un secreto inesperado: el bebé que creía perdido… en realidad está vivo.
Leer másTres meses despuésNo sé en qué momento los días empezaron a parecerse tanto. A veces creo que sigo atrapado en esa misma noche en la que ella desapareció. La habitación está en penumbra, las cortinas apenas dejan pasar un poco de luz, pero no me molesto en abrirlas. ¿Para qué? El sol ya no me calienta. Nada lo hace.Estoy tirado en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo, y entre mis manos sostengo lo único que aún me conecta a ella: una fotografía. La observo como si fuera sagrada. Carolina sonríe en ella. Tiene a Elijah en brazos, aún con esos cachetes regordetes que me encantaban. Diana está abrazándola por la pierna, mirándola como si fuera su mundo entero… Y lo era. Lo sigue siendo, aunque yo ya no tenga el derecho de decirlo en voz alta.Paso los dedos sobre sus rostros, como si eso pudiera traerlos de vuelta. Como si pudiera borrar el tiempo, borrar mis errores. Pero solo estoy tocando papel. Imágenes. Recuerdos. Nada más.Han pasado tres meses y sigo sin encontrarla. T
Salí corriendo de la mansión. Mis pasos eran torpes, desesperados. Sentía que el mundo se me caía encima, que me estaba quedando sin aire. Cada latido de mi corazón era una puñalada.Abrí la puerta del auto de golpe y me lancé al asiento del conductor. Cerré los ojos un momento y apreté el volante con ambas manos, como si así pudiera frenar el temblor que sentía en el cuerpo.Pero no podía quedarme quieto. No ahora.Tomé el teléfono. Marqué el número de Tyrone. No hubo saludo. No lo necesitaba.—Busca a Carolina y a mis hijos… hasta debajo de una piedra si es necesario. Pero encuéntralos. Rápido.Colgué sin esperar respuesta. Sabía que él entendería la urgencia en mi voz.Encendí el motor y pisé el acelerador a fondo. La ciudad pasaba a mi alrededor como un borrón, pero yo solo tenía una dirección en mente: el aeropuerto. Si de verdad se había ido… si había decidido huir de mí… ese sería el primer lugar donde buscar.Al llegar, estacioné de cualquier forma y salí del auto como un loco
POV : Axel Wong Tenía la copa de vino en la mano, casi vacía. No sabía cuántas veces la había llenado ya. La chimenea ardía frente a mí, pero yo solo sentía frío. El silencio de la mansión era insoportable, como si cada rincón gritara su ausencia.Carolina.Mi mente no dejaba de repetir su nombre.La imaginaba caminando por los pasillos, sonriendo, con Elijah en brazos y Diana corriendo tras ella. Esa imagen me quemaba. Me destrozaba.¿Cómo algo que una vez tuve tan cerca, ahora se sentía tan lejos?Di un trago más. El vino era fuerte, pero no lo suficiente como para apagar esto que me dolía en el pecho. Algo no estaba bien. Lo sentía. No era solo tristeza. Era otra cosa. Una angustia que se clavaba sin permiso, que me apretaba el corazón como una maldita advertencia.Dejé la copa sobre la mesa y tomé el celular.No podía seguir así. Necesitaba escuchar su voz. Saber de ellos. Asegurarme de que todo estaba bien, aunque una parte de mí ya supiera que no lo estaba.Marqué el número de
Abrí con cuidado la puerta de la habitación de Diana. La encontré sentada sobre la alfombra, con sus muñecas esparcidas a su alrededor, inventando un mundo donde todo parecía más fácil. Se giró al escuchar el sonido y me regaló una sonrisa que me partió el alma.—¡Mami! —dijo, levantándose de inmediato y corriendo hacia mí.La abracé con fuerza. Hundí el rostro en su cabello, cerré los ojos. Por un segundo quise quedarme así para siempre, como si ese abrazo pudiera protegernos del mundo, de todo lo que vendría. Pero no era posible.Me arrodillé frente a ella, tomándole las manitas.—Mi amor —dije con voz suave, tratando de sonar tranquila, aunque por dentro se me desmoronaba el pecho—, necesito hablar contigo de algo importante.Diana me miró curiosa, con esos ojitos que parecían ver más de lo que deberían para su edad. Ladeó la cabeza, como solía hacer cuando algo no le quedaba claro.—¿Vamos a ir a algún sitio? —preguntó con esa inocencia que dolía.Asentí, obligándome a sonreír.—S
Entré en la mansión con el corazón latiendo tan rápido que sentía que iba a salirse de mi pecho. No quise mirar atrás. No podía. Si lo hacía, temía que mis piernas me fallaran, que me rindiera. Y no podía darme ese lujo.Subí las escaleras corriendo, como si el dolor pudiera dejarse atrás si me movía lo suficientemente rápido. Mis pasos resonaban en las paredes silenciosas como un eco de mi propia desesperación. Fue entonces cuando la vi.Amanda.Estaba bajando los escalones con su elegancia habitual, esa que siempre parecía forzada. Me miró de frente. No dijo nada, pero su expresión lo dijo todo: una mezcla de burla, desprecio y satisfacción.Apreté los dientes.No me detuve.No valía la pena gastar una palabra en ella.Seguí subiendo, ignorando el nudo que se formaba en mi garganta, y cuando por fin llegué a mi habitación, cerré la puerta con fuerza. Me lancé a la cama sin pensarlo, como si pudiera hundirme en ella, desaparecer. Hundí el rostro en las sábanas y dejé que las lágrimas
Volví a subir al auto con las manos temblorosas, como si ya no supiera cómo sostener el volante. El silencio dentro del vehículo era ensordecedor, y el camino de regreso a la mansión se hizo eterno. Las luces del anochecer teñían el cielo de un naranja apagado, pero yo no veía nada. Solo pensaba en ella… en Carolina.Cada metro que recorría me alejaba más de ese instante donde aún podía alcanzarla, donde aún podía detenerla. Pero no lo hice. Me paralicé. La dejé ir. Y ahora... no sabía cómo vivir con eso.Cuando crucé los portones de hierro de la mansión, sentí un nudo apretarse en mi estómago. El mismo portón que alguna vez la protegió, ahora se cerraba sobre un lugar que ya no era un hogar. Era una jaula vacía.Aparqué en el mismo sitio de siempre. Bajé del auto con torpeza, como si el suelo me rechazara, como si incluso la tierra misma supiera que todo había cambiado.Entré a la casa.La puerta se abrió con ese crujido familiar, pero no hubo nadie para recibirme. Ningún eco de risa
Último capítulo