Para Axel Won, su matrimonio con Carolina Langford no fue más que una farsa, una estrategia egoísta para recuperar a la mujer que en realidad amaba . Sin embargo, para Carolina, aquel vínculo representaba todo: su primer amor, su primer hombre... y su primera gran decepción. Carolina creyó que había encontrado al hombre de sus sueños, sin imaginar que estaba siendo usada como una simple herramienta en los planes de Axel. La desilusión llegó de forma devastadora cuando él, sin previo aviso, le extendió los papeles de divorcio. Ella suplicó, rogó, se humilló… pero al final, no tuvo otra opción más que firmar, con el corazón roto. Hundida en la tristeza, Carolina descubrió días después que estaba embarazada. La esperanza de un nuevo comienzo se encendió dentro de ella, pero no por mucho tiempo. Cuando Axel se enteró del embarazo, no solo no mostró compasión, sino que provocó —de forma cruel e inhumana— la pérdida del bebé que Carolina ya amaba profundamente. Desgarrada por el dolor y la traición, Carolina juró alejarse para siempre del hombre que la destruyó, alimentando un odio tan profundo como el amor que una vez sintió. Pero el destino aún le guardaba un secreto inesperado: el bebé que creía perdido… en realidad está vivo.
Leer másPOV : Tercera PersonaEl sol de la tarde bañaba el jardín con una luz tibia y suave, haciendo que todo pareciera más vivo, más lleno de esperanza.Carolina caminaba despacio, dejando que sus pasos la guiaran sin prisa.A su lado, Diana brincaba alegremente, tomando flores del borde del camino, sonriendo con esa inocencia que solo los niños podían tener.Carolina llevaba un vestido sencillo de color crema que se movía con la brisa ligera.Su cabello, suelto y brillante, caía en ondas sobre su espalda.A veces, agachaba la cabeza para recoger una flor junto a su hija, y entonces su risa, aunque débil, llenaba el aire como una melodía olvidada.Desde la ventana de su oficina, Axel las observaba en silencio.Sus brazos cruzados sobre el pecho, su postura rígida, pero sus ojos… sus ojos parecían llenos de un dolor profundo, casi como si una herida invisible lo atravesara.Veía cómo Carolina extendía los brazos y recibía a Diana entre ellos, abrazándola con fuerza, con amor verdadero, aunqu
Axel seguía sentado a mi lado, sujetando mi mano entre las suyas como si temiera que pudiera desvanecerme en cualquier momento.Lo miré en silencio, sintiendo esa extraña mezcla de vacío y calidez.No recordaba su rostro, no recordaba su voz…Y, sin embargo, algo en mí se aferraba a su cercanía, como si mi corazón sí supiera quién era él, aunque mi mente no pudiera alcanzarlo.—¿Me puedes contar más sobre nosotros? —le pedí, mi voz apenas un susurro.Vi cómo una sombra pasaba por sus ojos, pero desapareció rápido, como si él mismo la apartara a la fuerza.Me sonrió, esa sonrisa triste pero cálida que parecía cargar siglos de sentimientos.—Claro que sí —dijo, apretando suavemente mis dedos—. No quiero que te esfuerces en recordar cosas que ahora no tienen importancia. Solo quiero que sepas que siempre te amé.Algo en sus palabras me estremeció, aunque no podía explicar por qué.—Recuerdo cuando solíamos sentarnos en la terraza por las noches —empezó a decir, su voz volviéndose más sua
POV : Carolina Langford No podía dejar de abrazarla.La sentía tan pequeñita entre mis brazos, tan cálida, tan real. Su cuerpecito temblaba ligeramente contra el mío mientras sollozaba, y yo simplemente la apreté más fuerte, como si tuviera miedo de que, si aflojaba aunque fuera un poco, desapareciera.No la recordaba. No recordaba su risa, ni su llanto, ni siquiera el momento en que la tuve en mi vientre. Pero algo dentro de mí, algo profundo y visceral, sabía que era mía. Mi hija. Diana.Ese nombre resonaba en mi mente como una melodía lejana que había olvidado pero que, al escucharla, llenaba mi corazón de una ternura inmensa.Mis lágrimas caían silenciosas sobre su cabello castaño. No podía detenerlas. No quería hacerlo.Sentía tanto amor que me dolía el pecho, como si en algún rincón escondido de mi alma siempre hubiese estado esperando este momento, como si hubiera soñado una y otra vez con sostenerla, con escucharla llamarme mami.La acaricié despacio, pasando mis dedos entre
Axel al mirar el desconcierto en la mirada de Carolina no pudo evitar recordar aquel dia .....Flashback La habitación estaba sumida en un silencio absoluto, roto apenas por el sonido constante de la máquina que monitoreaba sus signos vitales.Axel permanecía sentado en la silla junto a la cama, observándola.Carolina —su dulce Carolina— seguía inmóvil, frágil, con su rostro pálido iluminado por la tenue luz de la tarde.Sus pestañas largas descansaban sobre sus mejillas, su respiración era lenta, medida por aquellos aparatos que ahora parecían ser su único vínculo con la vida.Axel extendió la mano, acariciando con suavidad el dorso de la suya.Estaba fría. Siempre tan fría.Cada día era igual: llegar, sentarse a su lado, hablarle aunque no respondiera, esperar un milagro que parecía no llegar nunca.Pero aquella noche… todo cambió.Axel cerró los ojos, recordando.Podía sentirlo aún.La forma en que sus párpados temblaron de repente, la leve presión de sus dedos en su mano, el susu
8 meses despues . El tiempo parecía haberse detenido. Carolina abrió lentamente los ojos, parpadeando varias veces como si intentara adaptarse a la luz suave que llenaba la habitación. Lo primero que vio fue un techo blanco, impecable, tan claro que parecía brillar. Bajó la mirada con esfuerzo y sus ojos se encontraron con cortinas blancas que ondeaban con gracia, movidas por una brisa fresca que entraba desde una ventana abierta. Más allá de la ventana, la vista era de ensueño. Una inmensa pradera se extendía hasta donde alcanzaba la vista, verde y viva, como un manto natural. El cielo azul claro, sin nubes, daba a todo el paisaje una sensación de paz que contrastaba con el desconcierto que empezaba a nacer en su pecho. Carolina quiso moverse, intentar incorporarse, pero su cuerpo no respondió. Sus brazos, sus piernas… todo se sentía adormecido, pesado, casi como si no le perteneciera. Frunció el ceño, desesperada. Lo intentó una vez, luego otra. Cada intento era inútil.
El eco de las palabras de Axel aún flotaba en el aire cuando un golpe seco resonó en toda la sala.El anciano Cedric, imponente a pesar de su edad, había hecho chocar con fuerza el extremo de su bastón contra el suelo de mármol.Su rostro curtido por los años estaba rojo de furia, sus ojos, normalmente fríos y calculadores, ahora chispeaban de indignación.—¡Repite lo que dijiste, Axel Won! —rugió con una voz tan potente que los sirvientes se estremecieron y se escondieron aún más en los rincones del vestíbulo.Axel, sin un atisbo de miedo, se aproximó hasta quedar frente a su abuelo.Sus pasos resonaron firmes y desafiantes en el mármol.Se detuvo a una corta distancia y, sin bajar la cabeza ni esquivar la mirada colérica del anciano, repitió con voz clara y decidida:—Lo que escuchaste, abuelo. Me divorcié de Tatiana. Ya no la quiero, y es más... jamás la quise. Nuestro matrimonio fue un error —dijo, su voz cargada de una honestidad que no dejaba lugar a dudas.Pero antes de que pud
Axel caminó hacia la salida de la mansión sin mirar atrás.El sonido de sus pasos firmes sobre la piedra se mezclaba con el murmullo lejano del viento.Apenas cruzó la gran puerta principal, Tyrone ya lo esperaba junto al auto negro, con la puerta trasera abierta.Los otros vehículos de escolta se mantenían encendidos, alineados como soldados listos para partir.Axel subió al asiento trasero con movimientos rápidos y decididos. Cerró la puerta con un leve golpe, como si al hacerlo también cerrara definitivamente el capítulo más amargo de su vida.Se acomodó contra el respaldo, soltando un leve suspiro, y se llevó una mano al cabello, pasando los dedos entre los mechones oscuros en un gesto cargado de cansancio.Tyrone se acomodó en el asiento del conductor, echando una breve mirada al espejo retrovisor antes de hablar.—¿Y ahora, señor? —preguntó con respeto—. ¿A dónde vamos?Axel mantuvo el silencio por unos segundos, mirando por la ventana cómo la mansión se alejaba lentamente mient
Dos días después, el cielo de Ciudad del Sur estaba despejado, pero el calor pesado se sentía incluso dentro del aeropuerto privado.El avión privado de Axel aterrizó con suavidad en la pista. Apenas se detuvo por completo, las puertas se abrieron y la escalerilla descendió lentamente.Axel fue el primero en bajar. Llevaba puestos unos pantalones negros, una camisa blanca con las mangas remangadas y unas gafas de sol oscuras que ocultaban sus ojos. Su porte era imponente, frío y elegante, como siempre. Bajó los escalones con paso firme, sin mirar hacia los lados.En la pista lo esperaba Tyrone, su asistente personal. Vestido con traje gris claro, corbata perfectamente ajustada y una carpeta de documentos bajo el brazo. A su alrededor, cinco autos negros de vidrios polarizados formaban un semicírculo, listos para escoltarlo.En cuanto Axel puso un pie en tierra, Tyrone se adelantó, abriendo los brazos en un gesto de bienvenida.—Bienvenido a casa, señor Axel —dijo con voz firme, inclin
La mañana era fría y silenciosa .El cielo encapotado cubría la mansión con un manto gris, y el aire olía a tierra mojada.Adentro, todo parecía estar en pausa: Diana dormía profundamente en su habitación, y Carolina seguía inmóvil, conectada a la máquina que velaba por su vida.Axel salió del cuarto donde había pasado la noche en vela, vigilándola.Sus pasos lo llevaron por el largo pasillo hasta uno de los salones laterales, donde sabía que encontraría a Darren.Efectivamente, allí estaba.Sentado de cualquier manera en un sillón, revisando unos papeles mientras bebía café de una taza que parecía demasiado elegante para él.—¿No tenías café más fuerte? —bromeó Axel al entrar, cruzándose de brazos junto a la puerta.Darren alzó la mirada y sonrió de lado.—Esto es Francia, hermano —respondió encogiéndose de hombros—. Aquí todo sabe a perfume caro.Axel soltó una risa breve, luego se acercó, adoptando una postura más seria.—Bueno... dejando el café a un lado —dijo—. ¿Cómo se ha porta