Tres meses después
No sé en qué momento los días empezaron a parecerse tanto. A veces creo que sigo atrapado en esa misma noche en la que ella desapareció. La habitación está en penumbra, las cortinas apenas dejan pasar un poco de luz, pero no me molesto en abrirlas. ¿Para qué? El sol ya no me calienta. Nada lo hace.
Estoy tirado en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo, y entre mis manos sostengo lo único que aún me conecta a ella: una fotografía. La observo como si fuera sagrada. Car