Abrí con cuidado la puerta de la habitación de Diana. La encontré sentada sobre la alfombra, con sus muñecas esparcidas a su alrededor, inventando un mundo donde todo parecía más fácil. Se giró al escuchar el sonido y me regaló una sonrisa que me partió el alma.
—¡Mami! —dijo, levantándose de inmediato y corriendo hacia mí.
La abracé con fuerza. Hundí el rostro en su cabello, cerré los ojos. Por un segundo quise quedarme así para siempre, como si ese abrazo pudiera protegernos del mundo, de tod