Los dos días siguientes fueron una prueba de resistencia. Las mañanas y las tardes pasaban en periodos de Sanación prolongados. Cada sesión me costaba energía, pero a través de mis manos, sentía cómo Sech concentraba su voluntad, forzando la recuperación. Estaba enfocado, obsesionado con estar fuerte para el encuentro con su madre.
Mi tarea se había vuelto íntima y obligatoria. Tenía que tocarlo, sanarlo, sentir su energía. Él yacía rígido bajo mis manos, su rostro una máscara de fría determina