El ascenso desde la grieta fue lento y silencioso. La nieve seguía cayendo en copos grandes y pesados, amortiguando los pasos y envolviendo el mundo en un blanco casi absoluto. Lira caminaba detrás de Luna, con la cabeza baja y las manos vacías, sin armas visibles. Sech iba al frente, espada aún en mano por precaución. Elena cerraba la marcha, observando cada movimiento de la loba blanca con ojos atentos pero sin hostilidad abierta.
Cuando llegaron a la superficie, el sol ya se hundía en el hor