El aire en el palacio vibraba con una energía diferente, una mezcla de nerviosismo y emoción contenida. Se acercaba el sexto cumpleaños de Aurora, y Alexandra, impulsada por un deseo genuino de hacer feliz a la niña, se había sumergido en la planificación con una dedicación que iba más allá de cualquier obligación.
No consultó con Adriano sobre los detalles. Esta vez, no se trataba de él. Se trataba de Aurora. Usando el mismo ingenio y meticulosidad que aplicaba a sus estudios, investigó, hizo