El jardín del palacio era un laberinto de risas. Bajo la glorieta cubierta de glicinas, la mesa estaba puesta para una celebración íntima. Había pastel de chocolate, el favorito de Aurora, y un pequeño regalo envuelto para Alessandro.
Alessandro, ahora un terremoto de seis años con la seriedad ocasional de su padre y la curiosidad brillante de su madre, correteaba tras una mariposa con su hermana mayor. Aurora, a sus doce años, había heredado la elegancia de Alexandra y una confianza tranquila