Mundo ficciónIniciar sesiónEn la imponente mansión de los Delacroix, dueños del imperio hotelero internacional Étoile Royale, Isadora trabaja como sirvienta desde que tiene memoria. Silenciosa, diligente y de mirada melancólica, es invisible para todos... excepto para Anthony Delacroix, el carismático y arrogante heredero de la fortuna familiar. Durante meses, Anthony la seduce en secreto, prometiéndole un futuro juntos. Isadora, ingenua y enamorada, se entrega por completo. Pero todo se desmorona en una cena familiar. Antony la humilla sin piedad cuando Isadora le reclama. "¿Cómo podría estar con alguien como tú?", declara Anthony, mientras presenta a su prometida, la perfecta y adinerada Élodie Beaumont. Isadora, devastada, es amenazada de ser despedida por sus mentiras. Lo que nadie espera es que Mateo Delacroix, el hermano menor de la familia, la busque en secreto. Él quiere derrocar a Anthony , a quien considera un narcisista incapaz de liderar el legado Delacroix. Mateo le propone a Isadora un plan de venganza. Pero el pasado de Isadora esconde una verdad aún más explosiva: no es una huérfana cualquiera. Es la hija perdida de la familia Moreau, fundadores de Maison Moreau, la cadena hotelera que rivaliza con los Delacroix desde hace décadas. Su sangre vale más que cualquier fortuna... y su regreso podría cambiarlo todo
Leer más—Isadora, necesito que me ayudes, por favor —pidió Solange, la ama de llaves.
Isadora terminó de lavar los platos, se secó las manos con el delantal húmedo y respiró hondo. Caminó hacia su jefa. —Por supuesto, ¿en qué puedo ayudarla? —preguntó, mirándola fijo. Solange era una mujer de mediana edad, de cabello canoso y ojos oscuros. Para Isadora, era más que una mentora; se trataba de lo más cercano a una madre que había tenido. Fue ella quien le enseñó a caminar en silencio y a servir sin quejas. La familia Delacroix había adoptado a Isadora cuando tenía apenas diez años, pero no como hija, se la entregaron a las sirvientas como si fuera una más de ellas. —Cariño, lleva estas bandejas al comedor —pidió—. La familia está esperando el desayuno y sabes lo impacientes que son… Isadora miró tres bandejas y tragó saliva, preguntándose cómo las iba a llevar sin tener que hacer dos viajes. Aun así, logró equilibrar dos bandejas entre sus manos y una tercera sobre la cabeza. —¡Muy bien! Veo que me has superado, niña —se emocionó la señora—. Estoy muy orgullosa de ti. —Aquí voy. Isadora salió de la cocina, rogando no tropezar. El peso de las tres bandejas parecía menor que el de las miradas que la esperaban al otro lado de la puerta. El comedor la recibió en silencio. Las conversaciones cesaron al verla entrar. El señor Jean la observó con una pizca de orgullo. A su lado, los hermanos Delacroix, Anthony y Mateo, la siguieron con la mirada, creyendo que sucedería un desastre. Pero no fue así, Isadora avanzó hasta la mesa y colocó las bandejas una a una, sin temblar. —Que tengan un buen provecho, mis señores —Inclinó la cabeza con respeto y se alejó. —Oye, ¿podrías servirme un poco de vino? Llévate mi copa —le ordenó Anthony, el hijo mayor de la familia. Isadora tragó saliva. Se acercó al joven y, con la delicadeza que le habían enseñado, tomó su copa vacía. En ese instante, Anthony se inclinó lo suficiente para que su aliento rozara su oído. —Te veías muy sexy con esa bandeja en la cabeza —susurró, con una sonrisa pícara que la desarmó. Isadora se congeló. El cristal tembló entre sus dedos. Sintió cómo el calor le subía por el cuello hasta teñirle las mejillas de rojo. No respondió. Giró sobre sus talones y huyó hacia la cocina, con el corazón acelerado. —Ese tonto no sabe disimular. ¿Quiere que lo descubran? —murmuró, echándose aire con una mano. —¿Qué pasa, amiga? ¿Otra vez Anthony haciendo de las suyas? —preguntó Karina. Ella era la única amiga que pudo hacer durante todos estos años trabajando en la mansión. Karina no la juzgaba como las demás, al contrario, le daba apoyo emocional y sabía sobre su relación con Anthony. Se trataba de una mujer de su edad, con el cabello negro y los ojos café. —Shh, si hablas muy fuerte te van a escuchar —le agarró el brazo para alejarla de las demás. —No me gusta que salgas con él, ¿sabes? —le dijo, preocupada—. Una sirvienta junto a un millonario… Es algo imposible. Terminará muy mal para ti. —Anthony me ama —sentenció—. No puedes hablar mal de él sólo porque tiene mucho dinero. —¿Te ama? O es lo que quiere hacerte creer —expresó, cruzada de brazos—. No confío en ellos cuando se trata del amor, Isadora. Lo tienen todo, ¿por qué buscaría a una sirvienta? Isadora bajó la cabeza porque odiaba admitir que su amiga tenía razón. Anthony podía tener a cualquier mujer a sus pies, sin embargo, estaba con ella. —Lo siento mucho, no quiero hacerte sentir mal —añadió la pelinegra—. Pero trato de que seas más consciente de la realidad. Anthony no se podrá casar contigo… —Ya basta. Yo también me pregunto lo mismo… ¿por qué me escogió? —se cuestionó, con dolor en su expresión—. Pero esto que siento hacia Anthony es real. Estoy muy enamorada. —Espero estar muy equivocada, Isadora. Y que realmente Anthony te haga su esposa —resopló, negando con la cabeza. (...) Isadora limpiaba en silencio cerca del despacho de Anthony cuando una risa femenina, suave y melodiosa, se coló por la rendija de la puerta. Se detuvo en seco. Reconoció la voz de él mezclada con la de una mujer que no pertenecía al servicio, ni a la familia Delacroix. Se acercó con cautela y empujó un poco la puerta entreabierta. Lo vio de pie, hablando junto a una mujer demasiado hermosa. El corazón de Isadora dio un vuelco y la invadió un nudo en la garganta, áspero y repentino. —Mañana será el gran día —anunció Anthony. —Estoy muy emocionada por conocer a tu padre y hermano al fin. Me alegra que hayas aceptado, Anthony —expresó. —Ya puedes retirarte La mujer rubia se dio la vuelta, salió del despacho y desapareció por el pasillo. Isadora, con el corazón encogido, se apresuró a fingir que seguía limpiando un jarrón que ya había repasado tres veces. Cuando la puerta del despacho se abrió de nuevo, Anthony apareció y ella decidió enfrentarlo. —¿Quién era ella? —preguntó, sin mirarlo directamente. Anthony se detuvo, sorprendido por el tono. —Vaya, Isadora —dijo, acercándose con lentitud—. ¿Celosa porque hablé con otra mujer? Ella apretó el trapo entre sus dedos. Las palabras de Karina no dejaban de pasar por su mente. —No estoy celosa. —Oye, mañana daré un anuncio muy importante y más te vale estar presente —le informó—. Ya hablé con mi padre para que te asigne el comedor, así que espero verte allí… —¿A-anuncio importante? ¿Se trata sobre mí? —titubeó, con nerviosismo. Anthony soltó una carcajada seca, casi divertida. Para él, Isadora no era más que una niña ingenua, una mujer fácil de manipular con un par de palabras bien dichas y una sonrisa fingida. Le fascinaba lo fácil que era hacerla creer en sus mentiras. —Puedes pensar lo que quieras. —¡No me has dicho quién era esa mujer! —se quejó, apretando los puños. —Mañana lo sabrás, tranquila —respondió, acercándose un poco más. Antes de irse, Anthony la tomó del brazo con urgencia. La atrajo hacia él y le estampó un beso en los labios, desesperado, salvaje, como si quisiera dejar una última marca sobre ella. Isadora se estremeció. —Recuerda que solo eres una sirvienta… —susurró, luego se alejó de ella. Isadora no sabía cómo interpretar esas últimas palabras. Un escalofrío le recorrió la espalda.Isadora se miró por última vez en el espejo y casi no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada. Llevaba puesto un vestido de novia de estilo princesa con miles de cristales bordados a mano que parecían estrellas. Para ella, era como llevar la armadura de una reina que había conquistado su propio reino.Unos minutos después, a cada lado, Andrea y Solange le daban el soporte emocional que necesitaba. Cada una agarraba un brazo de Isadora para llevarla al altar. Solange tenía el rostro húmedo por las lágrimas que no dejaba de derramar.—Lo siento, cariño. De verdad, perdóname... es que estoy demasiado emocionada por este momento —sollozó Solange—. Verte así, tan fuerte y hermosa... es más de lo que alguna vez me atreví a soñar para ti.—No tienes por qué llorar, Solange —respondió Isadora, con una sonrisa.Andrea también la miró con un orgullo que le apretaba el pecho.—Vas a casarte, Isadora... y lo haces siendo la mujer más reconocida y respetada de todo el país.Isadora s
La tierra golpeaba el ataúd de Anthony mientras Mateo e Isadora lo veían sin ninguna pizca de sentimentalismo. El entierro fue rápido, bajo un cielo gris que anunciaba una posible lluvia. El grupo que acompañó a Mateo solo estaba conformado por: Mateo, Lisa, Isadora, Andrea, Karina y Gustavo. Nadie más. Anthony alguna vez se movió entre la alta sociedad y las fiestas más exclusivas de la ciudad, y aún así, terminó su viaje en soledad. Élodie también se había enterado de la noticia, pero el dolor y el rencor hacia Anthony seguían demasiado frescos como para permitirle asistir, prefirió quedarse en casa, cerrando su propio duelo en privado.Mateo estaba con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el horizonte, donde las nubes empezaban a volverse grandes . Isadora lo observó de reojo, sin saber qué estaba pensando.—¿Estás bien? —preguntó ella, con suavidad. Isadora sabía que la mente de Mateo estaba en otro lugar, específicamente en la habitación del hospital donde Jean De
-¿Cómo que Anthony fue asesinado? -La pregunta de Isadora quedó flotando. No podía creerlo. Nadie en la habitación podía terminar de procesar la noticia. El juicio de Anthony estaba programado para el próximo mes y era el evento que todos esperaban para cerrar de una vez por todas ese capítulo oscuro de sus vidas. Anthony seguía tras las rejas, en una celda de máxima seguridad y supuestamente custodiado por un grupo policial estricto. Se suponía que estaba protegido, pero por lo visto, esos muros eran de papel frente al poder de la mafia.Gustavo apretó los puños aún más debido a la impotencia que sentía respecto a lo sucedido.-La policía no pudo hacer absolutamente nada -explicó, con una mezcla de rabia y resignación-. Lo hicieron en la madrugada, aprovechando el cambio de turno y los pocos guardias que custodia las celdas a esa hora. Mataron a los pocos hombres que custodiaban el lugar y al oficial que estaba en la recepción. Fue una ejecución masiva y sigilosa con el objetiv
Unas semanas después de los intensos eventos que casi acabaron con la vida de Isadora, ella había regresado a casa. Sin embargo, el descanso fue breve porque su ausencia prolongada había provocado un efecto dominó en la empresa, acumulando una montaña de documentos, contratos y estados financieros que requerían su firma y sobre todo, su revisión. Andrea Moreau se encontraba con su hija en la oficina de la mansión, rodeada de carpetas, tratando de ayudarla.—Lo lamento mucho, cariño —dijo, con cansancio, mientras le pasaba un informe—. Hice todo lo que pude para no dejarte tanto trabajo acumulado cuando volvieras, pero hay decisiones que solo tú, como cabeza de estos proyectos, puedes tomar. Siento que te estoy recibiendo muy mal...Isadora le dedicó una sonrisa, acomodando las carpetas que estaban sobre la mesa.—No te preocupes, mamá. Puedo con todo esto y mucho más. Estar fuera me dio los ánimos que necesitaba, y ahora mismo siento que tengo la energía de diez personas después d
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