Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl día que perdió a su pequeña, Valentina no solo sintió que su mundo ardía, sino que al llegar a su mansión descubrió la traición más cruel: su esposo estaba en su cama con su propia hermana. Llena de ira y dolor, decidió enfrentarlos, pero terminó en el hospital al ser arrojada por las escaleras. Sola, destruida y sin nada que perder, decidió exponerlos en una gala pública. Como resultado, quedó sepultada: tachada de desquiciada y con su reputación destruida. Se mudó a otra ciudad, convencida de que allí podría empezar de nuevo. No fue así. Sin embargo, el destino movería los hilos de una manera que ella jamás imaginó, llevándola al camino de Alejandro Casalins, un billonario poderoso, luego de que ella salvara a su pequeño hijo. Alejandro nunca ha recibido un no por respuesta. Pero ella será la excepción, y le enseñará que hasta el hombre más temido también puede suplicar por amor.
Ler maisEl tiempo no se detuvo, y con el paso de los meses, el cuerpo de Nahla se transformó en el testimonio vivo de su milagro. Su vientre había crecido de una forma hermosa, una curva perfecta y orgullosa que delataba la presencia de Luciana, la niña que venía a borrar de un plumazo los años de tormento. Ya no había espacio para los miedos; cada patadita de la pequeña era un recordatorio de que la tormenta por fin había quedado atrás.La catedral principal estaba vestida de gala, inundada por el aroma de las flores frescas y el murmullo expectante de los invitados. En el altar, William se ajustaba el saco del traje, impaciente. El hombre de negocios implacable, el de las decisiones frías, sentía que las manos le temblaban como a un adolescente. De repente, los acordes de la marcha nupcial resonaron con fuerza y las enormes puertas se abrieron de par en par.Nahla apareció y el mundo pareció detenerse. Lucía sencillamente espectacular. El vestido blanco, de una caída impecable, se ceñía con
La claridad de la mañana bañó la habitación de una forma distinta, más cálida, más real. Nahla abrió los ojos despacio, sintiendo el peso reconfortante del brazo de William rodeando su cintura. Él ya estaba despierto, apoyado en su codo, contemplándola con una serenidad que borraba cualquier rastro de su habitual armadura de hombre implacable. Se miraron en silencio, compartiendo esa felicidad silenciosa y plena que solo da el saberse completamente seguros en los brazos del otro.—Buenos días, futura señora de Vásquez —susurró William, depositando un beso tierno en su hombro desnudo—. No tienes idea de lo hermoso que es despertar y saber que esto ya no es un sueño.Nahla se giró para quedar frente a él, estirando los brazos para enredar sus manos en su cuello.—Buenos días, mi amor. Sigo pensando que todo esto es una maravillosa locura.—Una locura de la que no pienso escapar —replicó él, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Escúchame, estuve pensando toda la madrugada. Tenemos qu
Salieron del restaurante envueltos en una burbuja que nadie podía tocar. El chofer los esperaba con la puerta del coche abierta, pero William le hizo una seña discreta para que se retirara.Quería caminar con ella un rato largo, sentir el aire fresco de la noche en la piel de su rostro mientras sus dedos seguían firmemente entrelazados. Nahla no paraba de mirar el hermoso anillo en su mano, girándolo bajo la luz dorada de las farolas de la calle.—Todavía no me creo que esto esté pasando de verdad —murmuró ella, riendo bajito, con una felicidad que no le cabía en el pecho—. Después de todo lo que nos costó llegar aquí, William. De verdad me pediste que me casara contigo sin contratos de por medio, sin amenazas veladas… solo porque me amas.—Y tú dijiste que sí de inmediato, como si te hubiera salvado la vida otra vez —contestó él, deteniéndose justo bajo un árbol frondoso para mirarla de frente—. Porque eso es exactamente lo que eres para mí, Nahla. Mi salvación y mi perdición al mism
El tiempo se encargó de curar las heridas, transformando las cicatrices del pasado en la base de un presente inquebrantable.Pasaron los meses con una rapidez asombrosa, y con cada amanecer, la relación entre Nahla y William se fortalecía más, consolidándose como un refugio de paz que nada ni nadie podía perturbar. Ambos habían resurgido de las cenizas de la tragedia, transformados en seres más fuertes, maduros y decididos a proteger su felicidad a cualquier costo.Nahla recuperó con una maestría impecable el control absoluto en el competitivo mundo de la alta costura. Bajo su dirección, la empresa volvió a brillar con un esplendor deslumbrante, posicionándose nuevamente en la cima del mercado internacional; las pasarelas aclamaban su nombre y su genio creativo era ley en la industria. Mientras tanto, William tomó una decisión radical que sorprendió a muchos, pero que para él era el único camino correcto.Renunció de forma definitiva a la vicepresidencia corporativa de su familia para





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