La luna llena sobre el Gran Canal era un disco de plata perfecto, arrojando un sendero de luz líquida sobre las oscuras aguas. En el silencio de la noche, el palacio parecía contener el eco de las risas de la fiesta, como si la felicidad se hubiera impregnado en sus piedras centenarias. Alexandra, sin embargo, no podía dormir.
La emoción del día, el abrazo de Aurora, esa palabra—"mamá"—y, sobre todo, la mirada de Adriano, la mantenían en un estado de agitación febril. Necesitaba hablar con algu