19. Entre el odio y la compasión
Al despertar. Abro los ojos y lo primero que veo es su espalda. Alejandro sigue dormido, su respiración tranquila, como si nada hubiera pasado. Como si anoche no hubiéramos cruzado una línea de la que yo ya no sé cómo volver.
Me quedo mirándolo unos segundos, en silencio.
No sé por qué. Tal vez para convencerme de que todo fue un error. O tal vez porque todavía me cuesta entender cómo llegamos hasta aquí.
Él parece tan… normal. Tan calmado. Tan lejos de la tormenta que me está rompiendo po