Mundo ficciónIniciar sesiónFui la hija perfecta para mi padre: acepté casarme con el Alfa Alexander por el bien de mi manada de origen, aunque él se negó a marcarme y dejó claro que nuestro matrimonio no era más que un contrato. También intenté ser la Luna perfecta para mi esposo Alfa, con la esperanza de que algún día lograría ganarme su afecto y que podríamos ser un verdadero marido y mujer. Pero todo cambió el día en que me dijeron que mi loba había entrado en estado letargo. El médico me advirtió que, si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre parecían preocuparse lo suficiente como para ayudarme. Desesperada, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera. Pronto todos empezaron a llamarme loca, pero eso era exactamente lo que quería: rechazo y divorcio. Lo que jamás imaginé fue que el arrogante hombre que una vez fue mi esposo terminaría suplicándome que no me fuera…
Leer másPerspectiva de EllaVer a Alexander así, bajo la luz de la luna me dejó paralizada. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y sangre, cada músculo tensándose y brillando bajo la luz plateada. Hombros anchos, pecho fuerte, abdomen marcado… y más abajo. Diosa.Era impresionante, incluso sin estar excitado. El vello rojizo entre sus piernas apenas ocultaba nada. Un calor intenso se apoderó de mí, extendiéndose desde el estómago hasta cada extremidad, haciéndome sentir febril, como si mi piel estuviera demasiado expuesta al sol. Nunca había visto a un hombre así, y que fuera Alexander, mi pareja, mi esposo, lo hacía imposible de ignorar.Tragué saliva y traté de apartar la mirada, pero mis ojos seguían volviendo a él.—Ella —gruñó, avanzando hacia mí—.Finalmente aparté la mirada, con el rostro ardiendo.— Lo-siento —balbuceé—. No quería…—Puedo olerte —me interrumpió.Alcé la cabeza de golpe. —¿Qué?Sus ojos verdes se oscurecieron, sus aletas nasales se abrieron un poco. —Puedo oler tu excitac
El resto fue un borrón. Apenas noté la ráfaga de colmillos y garras; todo lo que realmente veía era ese rostro. Esos labios. Mi pareja besándome en el callejón.Cuando todo terminó, me quedé jadeando en medio del claro, rodeado por los cuerpos de mis enemigos. La sangre goteaba de mi pelaje, parte mía, la mayor parte no. El bosque había quedado en silencio.—¿Alfa? —la voz de Gabriel llegó desde el borde de los árboles—. El resto ha huido. Hemos ganado.Asentí, demasiado exhausto para intentar volver a forma humana todavía. Mis heridas comenzaban a cerrarse por sí solas, los cortes profundos sellándose, dejando un pelaje castaño pegajoso por la sangre seca. Mientras seguía a Gabriel de regreso hacia los demás, mi mente no dejaba de volver a los últimos momentos de la batalla. Casi pierdo. Debería haber perdido. Estaba agotado, superado en número… y aun así, cerré los ojos y allí estaba su rostro.¿Por qué había pensado en Ella en ese momento? ¿Por qué su cara me había dado la fuerza pa
Perspectiva de AlexanderLa sangre salpicó mi rostro mientras desgarraba a otro lobo renegado. El sabor metálico me llenó la boca, amortiguando momentáneamente mis otros sentidos. Giré la cabeza justo cuando otro renegado se abalanzaba sobre mí, fallando por poco el impacto de sus garras dentadas.El renegado gruñó, frenándose a unos metros cuando se dio cuenta de que había fallado su ataque. Se dio la vuelta y volvió a lanzarse contra mí, pero esta vez estaba preparado.Mis garras se movieron por instinto, alcanzando su abdomen. Sangre y vísceras brotaron antes de que la bestia pudiera siquiera reaccionar. Con un aullido gutural, cayó al suelo, levantando tierra y escombros mientras se arrastraba hasta chocar contra la base de un árbol cercano. Muerto.Respiré con dificultad, buscando a los demás. A lo lejos, podía escuchar a mis guerreros luchando contra más renegados. Diosa, ¿cuántos eran? ¿Docenas?La frontera norte del territorio Ashclaw siempre había sido una zona problemática. L
Iba a prepararme para dormir cuando Liam llegó. Era demasiado tarde para una visita normal.Solo con verle la cara supe que algo iba mal.—¿Qué pasa? —pregunté, incorporándome en la cama.Liam cerró la puerta detrás de él.—Ha habido un problema en la frontera norte. Alexander fue a encargarse.Mi corazón dio un vuelco.—¿Qué clase de problema?—Renegados. Un grupo tomó una propiedad en la frontera. Cuando los guerreros de Ashclaw fueron a sacarlos, se puso feo. Alexander tuvo que ir él mismo… y un explorador acaba de volver. Dice que hay pelea fuerte ahora mismo.—¿Alexander está bien? —me salió demasiado rápido, demasiado agudo. Lo odié. Pero no pude evitarlo.Algo dentro de mí se encogió con violencia ante la idea.Liam dudó.—No lo sé. No hemos tenido noticias desde que salió esta mañana.—¿Esta mañana?El cuarto se me hizo pequeño de golpe.Mi corazón empezó a golpear fuerte, desordenado. Como si mi cuerpo entero ya hubiera decidido lo mismo: ir hacia él.Alexander estaba en pelig
Último capítulo