Mundo ficciónIniciar sesiónMyra siempre ha vivido bajo reglas que no eligió: como loba, su destino no le pertenece… y como hija del Alpha, aún menos. Pero todo cambia la noche en que su manada es atacada por una organización que caza criaturas sobrenaturales. Con su padre secuestrado y su mundo en ruinas, Myra se ve obligada a huir junto a Axel, un lobo tan enigmático como peligroso, cuyo poder podría ser la clave para sobrevivir… o para condenarlos a ambos. Mientras descubren una conspiración capaz de exterminarlos, Myra deberá enfrentarse a una verdad aterradora: No la están cazando por lo que es… sino por lo que puede convertirse. Y cuanto más se acerca a Axel, más difícil se vuelve ignorar la verdad: En este juego de supervivencia, el deseo puede ser una trampa… y enamorarse del hombre equivocado podría costarle todo.
Leer másEl hombre al otro lado del escritorio, detrás de unos lentes de media luna, sostenía el papel en sus manos con la fotografía. La acarició con las yemas de los dedos y asintió en dirección al grupo de hombres que tenía frente a él.
—¿Si es? —le preguntó uno de sus hombres y él asintió.
—Sí es… quiero que consigan este espécimen con mucho cuidado, debe entrar en total integridad a mis laboratorios. ¿Entienden? Un solo error y voy a matarlos a todos, y los voy a encerrar en jaulas. ¿Entendieron?
—¡Si señor! —gritaron todos al unísono y tomando la fotografía salieron del lugar a cumplir la misión que se les había encomendado.
—¿Lo lograremos? —preguntó uno de sus socios y el hombre se limpió la sangre que aún tenía en la camisa.
—Lo haremos… con ella lo lograremos.
Tan entrada la noche, solo los animales nocturnos pululaban por los alrededores y se atrevían a romper el mutismo que se cernía sobre el monte, y una que otra lechuza de invierno pasaba volando, en busca de su siguiente presa.
Era una noche cerrada y fría de invierno, las copas de los árboles se agitaban con el paso del viento y las ramas cedían ante el enorme peso de los copos de nieve que se acumulaban en las hojas, pero dentro del bosque, a pesar de todo, se no se percibía ni el más pequeño de los ruidos.
Myra ladeó la cabeza, tratando de escuchar lo más lejos que sus orejas le pudieran permitir en busca del primer lobo que apareciera, pero llevaba más de media hora quieta en la misma posición mientras se le congelaba la cola, literalmente, esperando el paso de la manada que se supone hacía horas debería de haber pasado.
Miró su ropa tirada a un lado, la chaqueta rosa y las botas grises que tanto le gustaban estaban empapadas por la nieve y agradeció haber tenido tiempo de quitárselas para no rasgarlas.
Miró alrededor, el bosque nunca le había llamado la atención, más bien, le tenía un poco de miedo, las cosas que contaban que pasaban ahí le erizaban la piel en las noches, pero no podía quedarse como una espectadora normal mientras la carrera se libraba lejos de su vista, claro que no, ella quería están en primera fila, por eso estaba ahí, quieta entre la nieve y con los sentidos alerta.
Hacía mucho tiempo el venado errante había pasado junto a ella, confundido y asustado, pero muy veloz, y le sorprendía lo lentos que estaban siendo los demás para seguirle el paso, pero cuando estaba casi a punto de darse por vencida, una barahúnda de patas contra el suelo la hizo quedarse completamente paralizada.
Se agachó contra la nieve al tiempo como veía que unos cinco o seis lobos aparecían a toda carrera, directamente hacia ella, se detuvieron justo en frente, olfateando el rastro del venado errante que les llevaba horas de ventaja.
Su pelaje blanco como la nieve le ayudaba a camuflarse y elevó una plegaria a la luna para que no les llegara su aroma, pero en menos de una milésima de segundo los seis lobos miraron hacía ella.
Sintió sus conciencia acariciar la suya, y notó sutiles mesclas de sentimientos, rabia, curiosidad y burla, sobre todo burla. Todos emprendieron de nuevo la marcha hacia donde el venado había desaparecido, pero uno de ellos se quedó ahí, mirándola fijamente. Su pelaje, completamente negro resaltaba como una sombra entre la nieve, como un demonio dispuesto a atacar. Myra sintió su conciencia, dura como una pared de cemento taladrarle la cabeza, y dio entrada a lo que sabia sería el regaño de su vida.
—Vete —le dijo la inconfundible voz.
— Pero quiero ver —se defendió ella, se puso de pie y varios copos de nieve rodaron por su blanco pelaje.
—No te estoy preguntando —le dijo el enorme lobo meneando la cabeza —es una orden, vuelve a la vereda y espera a que termine la cacería, ¿me oíste? —Myra agachó la cabeza, tenía dos enormes razones par a obedecerlo, era su alfa —¿me oíste? —repitió de nuevo y ella agachó más la cabeza.
—Si, papá.
El lobo, de dos enormes zancadas, desapareció de su campo de visión, como una sombra espantada por la luz.
Myra recogió su ropa y sus botas de un solo mordisco y las apretó con fuerza, ¿Cómo su padre podía hacerle eso? Ya no era una niña, ya sabía transformarse a la perfección y llevaba meses enteros practicando en el bosque, ¿Por qué las demás mujeres sí podían presenciar la cacería y ella no? Se lanzó de una zancada a una pequeña zanja y comenzó a correr de manera desenfrenada hacia la vereda.
La cacería el venado errante se hacía cada año en la época de infertilidad, se lanzaba al bosque a un venado y luego era cazado por los machos de la manada, era totalmente injusto, las mujeres también deberían de participar, también tenían las mismas habilidades que los hombres, incluso había unas mucho mejores, pero no, solo ellos podían darse el lujo de ser coronados como el cazador del año.
El ganador recibiría un trofeo, dinero y el honor de ser coronado como el cazador de año, entonces el hombre decide si invitar a una de las mujeres a salir y ésta decidía si aceptar o no, pero ninguna se negaba, la presión social era abrumadora, y más aun sabiendo que casi todas esas citas terminaban en sexo desenfrenado. Por eso la tradición dictaba que se debía hacer en tiempo infértil, para que la mujer no quedara embarazada.
Pensar en eso la hizo frenar en seco, y toda la nieve que tenía encima salió volando hacia el frente, envolviéndola en una niebla blanquecina. Ya estaba a punto de cumplir veintiún años, y se le estaba yendo el tren, perdería su fertilidad a los veinticinco y aún no había encontrado un humano que por lo menos, si tenía suerte, la embarazara y se desapareciera, así ella no tendría que lidiar con la responsabilidad de meter a un humano en todo ese asunto de lobos.
Se imaginó declarándose al chico guapo de la librería: “Ey, soy una mujer lobo ¿Me quieres embarazar? Es que entre lobos no podemos” lo imaginó corriendo y gritando.
Cuando logró vislumbrar la luz de la fogata en la vereda, se detuvo, soltó su ropa que cayó al suelo haciendo volar nieve en todas direcciones y retomó su forma humana.
Había pasado mucho tiempo desde que lo había hecho por primera vez, y aun no podía acostumbrarse a esa sensación extraña en el cuerpo, como si se desprendiera de un inmenso abrigo, sintió el hormigueo en las piernas y el frio cuando sus pies desnudos se hundieron en la nieve. Le entró un frio tan grande que pensó no tendría tiempo a tomar sus cosas y ponérselas antes de que muriera congelada y cuando deslizó la chaqueta por sus brazos dejó escapar un gemido de placer.
Ya vestida y lista, caminó lo que le faltaba para llegar. Junto a la hoguera estaban reunidas unas cuantas mujeres humanas y los niños, contaban algunas historias y se quedaron en silencio cuando ella llegó. Su aspecto debería ser deplorable despeina y mal arreglada.
—Hola —saludó, y se sentó en un tronco de madera junto a William.
—Te descubrieron —le dijo el hombre, era alto y grueso, con una voz cálida y cabello canoso. Myra asintió. Los niños y las mujeres continuaron hablando y jugando —Pero esa cara que tienes no es por eso —le dijo el hombre y ella asintió.
—Me asusta un poco el compromiso, y el deber de tener hijos —El hombre asintió y se quedó mirando la hoguera que ardía con un fuego amarillo y naranja.
—¿No quieres hacerlo? —preguntó y ella negó.
—Me asusta encontrar un humano, no es como una relación en que si no funciona te consigues otro y ya, quien sea mi novio sabrá mi secreto, y si se convierte en mi ex, no ceo que las cosas salgan bien —Myra confiaba en William, era un hombre amable y atento que siempre sabía guardar los secretos y dar buenos consejos —Cuando —continuo Myra —¿Cuándo Azucena te contó la verdad te asustaste? —el hombre se quedó pensativo un segundo.
—Claro que si —dijo —aunque al principio no le creí, ¿cómo iba a creer que mi novia de un año era una mujer lobo que pertenecía a una manda y que no podía casarse con otro lobo porque no podían engendrar hijos? —Myra sonrió —necesité un par de semanas y ahora mírame, cincuenta años después sentado en el frio cuidando su ropa mientras ella ve como una manada de lobos da cacería a un pequeño ciervo —ambos rieron y Myra se puso seria nuevamente.
—¿Crees que sea verdad? ¿Que si dos lobos se aparean…—dudó al continuar y bajó la voz —Nazca un lobo cien por ciento lobo? —William no logró contestar ya que una algarabía procedente del camino inundó el lugar. Las mujeres llegaban, ya humanas, acompañadas por los hombres. La cacería ya había terminado y el ganador venía en medio de todos, entre vítores y empujones amistosos.
Myra levantó la cabeza y lo vio, era el chico que casi no asistía a las reuniones, ¿Axel? No lo veía mucho, casi nunca se dejaba ver y en el pueblo nunca se lo había topado. El chico entró, llevaba en la mano la piel del venado y cuando la luz del fuego le acarició el rostro Myra apartó la mirada, era alto, de cabello negro y ojos azules, la barba crecida le daba aspecto maduro y estaba casi segura de que su forma de lobo era tan oscura como la de su padre. Cuando estuvo cerca el joven miró a Myra y le sonrió, ella apartó la mirada disimuladamente, él era terriblemente atractivo, cosa que más que asombrarla, la preocupó.
Unas cuantas chicas de su edad llegaron hasta él y se le colgaron del brazo, le dedicaron un par de besos en las mejillas. Él los recibió con incomodidad y cuando vio a Lucía, la mujer que lo había criado se deshizo de ellas y corrió a abrazarla.
—¿Él ganó también el año pasado? —le preguntó a William y él asintió.
—Es un lobo muy bueno, tu padre dijo que tenía un perfil excelente para ser el Alpha —el hombre sabía lo preguntona que era Myra y no se esperó a que ella lo dijera —No sé qué pasó con sus padres.
—Es muy raro ¿no? —dijo ella y William se rio —Como es que sus padres desaparecieron así, sin más —William se encogió de hombros.
Cuando el muchacho soltó a Lucía, la mujer tenía el cabello despeinado y la cara roja. El padre de Myra, Franco, apareció, tan alto como una montaña, con el cabello negro, la mandíbula cuadrada y los ojos profundos. Cuando llegó ajustándose el abrigo a la altura de la cintura, todos bajaron un poco el volumen de su voz.
—Felicidades —le dijo al chico ganador y todos guardaron silencio —una vez más te coronas como el cazador del año. ¡Donde están los premios¡ —gritó y todos aplaudieron, uno de los niños, nieto de doña Laura, entró corriendo con la copa y se la tendió a Franco con manos temblorosas, el Alpha la tomó y le acarició la cabeza. Le tendió la copa al ganador y este la tomó —El dinero no es mucho, como sabes —continuó su padre —pero sé que te servirá.
—Voy al baño —le dijo William a Myra y se puso de pie tan rápido como pudo. Ella observó como uno de los hombre empujaba a su padre
—Dile — le dijo y él sonrió, se dirigió al chico y lo meneó por el hombro, se estaba formando un ambiente jovial y chistoso entre todos —¿este año si pensarás invitar a alguna chica? —preguntó —O chico, aquí nadie juzga —todo rieron y Axel clavó su mirada en Myra, y todos se dieron cuenta. La risa de su padre se desvaneció.
—Tengo una leve idea de a quién —dijo el chico y Myra enrojeció hasta las orejas, cuando él vio al Alpha le apartó la mirada, y ella vio que se le enrojecían las mejillas también.
La fiesta siguió, uno de los más ancianos lanzó leña al fuego y comenzó a contar viejas historias de grandes batallas, y Franco se sentó junto a su hija, que le apartó la mirada.
—Espero que no sea para advertirme que no acepte la invitación del ganador —le dijo ella y sintió como el enorme cuerpo del hombre se recostó al suyo, e inmediato le invadió una tibia sensación.
—En realidad venía a decirte lo contrario —Myra lo miró tan abruptamente que todas las vértebras del cuello le crujieron.
—¿Qué? —preguntó y el hombre la empujó con el hombro.
—Estoy seguro que le dirás que no —le dijo —y yo quiero que salgas de esa habitación, de tus libros y vivas una vida —Myra bufó, de nuevo esa conversación —sé que no podrás formar una familia con él, pero, dale una oportunidad, es buen chico, pueden salir y divertirse.
—Papá —ella miró a Axel , estaba bailando una canción con una de las niñas mientras los demás menores del grupo saltaban a su alrededor —Yo no quiero novio.
—¿Quién dijo que tenías que hacerte su novia? —la envolvió en un cálido abrazo —sal con él, tal vez sean buenos amigos o algo —le dio un sonoro beso en la mejilla y se fue hacia la hoguera, que lanzó chispas que se disolvieron en el aire frio. Después de una media hora, vio como Axel caminaba hacia ella y sintió como el cuerpo se le tensó, el muchacho se sentó a su lado y le tendió la mano.
—Hola —dijo —Soy Axel —Myra le tomó la mano y rio, era tibia y grande.
—Sé quién eres y tú sabes quién soy, nos conocemos hace años —
—No—le respondió, tenía una voz linda, como un susurro gabe —Nos hemos visto desde hace años, pero nunca hemos hablado, eso no es conocernos—ella miró hacia la hoguera y él la imitó.
—No salgo mucho —añadió como única respuesta.
—Tampoco yo —después de un rato en silencio se aclaró la garganta —¿Qué te gusta hacer?
—No hablar —le respondió seca, la verdad no le interesaba entablar amistad con él, era un tipo sexy e interesante, y le aterraba la idea de darle una oportunidad y que le gustara, solo tendría dos opciones: terminar con él un par de años después o casarse y jamás tener hijos como doña Luisa y don Rubiel, ambos lobos.
Se golpeó mental mente, estaba siendo muy apresurada, él solo quería invitarla al bosque a tener sexo, como era la patética costumbre del ganador de la cacería, aunque claro que su padre se opondría y preferiría que fueran a la heladería del pueblo.
Lo miró de reojo, tenía una expresión de sorpresa ante su respuesta, el cabello negro estaba despeinado y la barba crecida, la piel blanca y los labios rojos. Tal vez, después de todo, no sería una mala idea, a la mañana siguiente se encerraría de nuevo en su habitación y no volvería a cruzar palabra con él.
—Ya veo —dijo él y luego sonrió —A mí me gusta hacer ejercicio, tengo pesas y todo — Myra estaba a punto de contestarle que ni se había fijado cuando lo escuchó, como un pequeño susurró acompañado de un olor, un olor antiséptico, como de hospital. Miró para todas direcciones. Un sentido extraño subió por su estómago y le apretó la garganta, el instinto licántropo la instó a convertirse, pero se contuvo. Nadie conocía esa ubicación del bosque, nadie que no fuera de la manada. El susurró se convirtió en el sonido de una pisada, a lo lejos, y ella dio un brinco al tiempo que agarraba la mano de Axel .
—¿Lo oyes? —le susurró y él prestó atención, luego negó.
—¿Qué pasa? —no logró contestar a la pregunta del muchacho ya que algo pasó rompiendo el aire, como una flecha y golpeó la espalda del Alpha que charlaba alegremente.
Un profundo grito salió de la boca de su padre, y antes de que alguien pudiera hacer algo, unas cuantas personas más cayeron al suelo en medio de lamentos. Axel tomó a Myra por la espalda y lanzó al suelo.
—¡Protégete! —le dijo. Los gritos de más personas se sumaron al ambiente, y Myra se arrastró hasta su padre. Junto a él había un dardo, que tenía un contenedor trasparente y lograba verse un poco de líquido Purpura.
—Papá —dijo ella al borde del llanto, pero el hombre no contestó, parecía estar luchando con un tremendo dolor, como si tuviera ácido en las venas.
—¡Huyan! —gritó y la orden se alzó por encima de los gritos de los demás. Myra vio como toda la manada se dispersaba, varios se convertían y los niños se trepaban en sus enormes lomos para luego desaparecer entre la oscuridad y el frio.
—Papá —dijo ella y su padre la miró.
—Vete —le dijo en medio del dolor —Te amo, hija —Casi no podía hablar —Axel —el joven estaba agachado tras Myra y se acercó al instante —llévatela y cuídala, no regresen al pueblo escóndanse, es una orden —Axel asintió y tomó del brazo a Myra arrastrándola.
—¡No! —grito ella, y vio a su padre, tirado en el suelo, en medio del dolor y el desasosiego, entonces se dejó guiar por el chico ya que sus lágrimas no le dejaban ver. Se sumergieron en la oscuridad del bosque a toda velocidad.
Un grito que salía de la pequeña cabaña se mescló con el ulular de los búhos. El otoño había llegado y el bosque lucía un manto marrón, las hojas de los árboles caían mecidas por las brisas frías que llegaban de lo lejos y anunciando la inminente llegada del invierno. Otro grito agudo sonó dentro de la cabaña seguido por el llanto de un bebé que rompió el ambiente tenso que había fuera de la casa. La manada contuvo el aliento mientras los gritos del bebé resonaban más fuerte que el rumor cercano del río. La madre de Axel salió por la puerta, la mujer tenía la cara roja y sudada, y una expresión alegre en el rostro.—Está en perfecto estado —las decenas de personas que se amontonaban fuera de la cabaña explotaron en vítores y aplausos, había sido un parto de doce horas, y la preocupación sobre la salud del bebé y la madre aumentaba cada vez más, pero Lucía había traído a todos los bebes de la manada a este mundo desde que tenía la edad suficiente.—¿Qué es? —preguntó Claudio, estaba se
Myra se puso de pie y corrió hacia él, las piernas las tenía débiles, pero se levantó como un resorte. Cuando lo tomó por el cuello de la bata algo explotó en sus manos y las chispas la lanzaron hacia atrás de golpe y cayó de costado.—Veras —le dijo — aún tengo un par de trucos bajo la manga. Luciana seguía retorciéndose del dolor unos metros más allá. Myra trató de comunicarse con Axel, pero su habilidad telepática estaba apagada. Miró hacia el furor de la batalla donde luces verdes y rojas creaban explosiones —parece que has complicado un poco mis planes —le dijo el hombre —tanto que voy a prescindir de ti, ya sé que las razas superiores son reales y me tomaré la libertad de cultivarlas yo mismo, es una lástima que el hijo que llevas en tu vientre no vaya a nacer —la mano de Myra apretó algo metálico que estaba tan caliente que le hirió la palma de la mano y se puso de pie nuevamente, corrió hasta el científico y trató de golpearlo con la varilla, pero el hombre se agachó y le golp
Myra miró para todas partes, buscando a su padre en medio de la batalla que se libraba frente a la puerta, pero no reconoció su rostro entre la multitud que peleaba.—Despertó, era él, era consciente y me rogó que lo soltara —continuó Claudio —pero cuando estuvo libre sus pupilas se dilataron nuevamente y me atacó, lo siento Myra, intenté detenerlo, pero es muy fuerte —Myra deseó preguntarle si estaba herido, pero no podía.Una luz verde golpeó a Axel y lo lanzó con fuerza al suelo, y antes de que Myra pudiera correr en su ayuda algo la tomó de la armadura y la elevó en el aire. Myra intentó zafarse del agarre, pero no pudo, y cuando miró hacia atrás se encontró con una de las chicas con alas de libélula que la elevaba en el aire. Myra se sacudió ¿Cómo es que tenía tanta fuerza como para elevarla?La distancia del suelo se hacía cada vez más grande, y ya comenzaba a darle vértigo, si subía más y la dejaba caer no sobreviviría al impacto. Se sacudió con todas sus fuerzas, pero las pequ
El bosque se abría ante ellos, el cuerpo de Claudio se resbalaba del lomo de Myra, pero él intentaba aferrarse con fuerza mientras las ramas lo golpeaban.Los demás corrían tras ellos, Axel era capaz de seguirle el ritmo a Myra, pero los vampiros y el lobo de la manada de Karina estaban rezagados. Cuando Myra llegó a la pradera frente a la montaña estaba exhausta, y cuando volvió a su forma humana cayó de rodillas sobre el césped. Claudio había caído de lado y se quedaron un rato recuperando el aliento, luego se puso de pie y la ayudó a levantar.—Vamos preciosa —le dijo —tenemos que llegar y encontrar ese detonador.—¿Estás seguro que destruirá todo? —le preguntó ella entre jadeos y el hombre asintió convencido.—Al menos la parte donde está la antena, sí —Myra asintió y le tomó la mano.Axel llegó, y tras él los vampiros. Claudio entró al jet y sacó una manta que puso sobre los hombros desnudos de Axel.Cuando el jet estaba en el aire, Myra se recostó en el asiento respirando profun
Último capítulo