El silencio después del enfrentamiento era tan denso que parecía llenar cada rincón de la casa.
Ni siquiera el tic tac del reloj en la pared podía romperlo.
Dorian no había dicho una palabra desde que regresamos del puerto.
Sus pasos resonaban pesados por el suelo de madera, y cada vez que lo miraba, encontraba en su rostro una tensión que no entendía.
Yo seguía temblando.
No por miedo, o quizás sí… pero no exactamente hacia él.
Era algo más profundo, una mezcla de desconcierto, ansiedad, una s