El amanecer llegó cubierto de nubes grises.
El mar rugía con una fuerza que me helaba el alma, y por alguna razón, ese día, me sentía diferente.
Decidida.
Cansada de vivir entre sombras.
No había dormido en toda la noche.
El sueño había sido sustituido por una idea fija que me golpeaba el pecho con insistencia: necesitaba hablar con Kael.
No sabía si él decía la verdad, no sabía si en realidad lo conocía… pero las dudas me estaban devorando.
Y después de haber visto aquel colgante, ya no podía