Kael
El frío de la mañana se colaba a través de los ventanales del tribunal. No era un frío común, sino uno que helaba hasta los huesos, porque no se trataba de negocios, ni de sangre, ni de armas. Hoy no era Kael Montenegro el jefe de un imperio, ni el hombre temido por mafias enteras. Hoy estaba ahí como un hombre en riesgo de perder lo único puro que tenía: Sofía y Lucas.
Matteo me acompañaba, siempre a un paso detrás, observando cada rincón como si esperara que de las paredes salieran enem