Anya
El humo del cigarro se enroscaba en el aire de mi despacho improvisado. Una guarida fría, escondida en las entrañas de la ciudad, donde el eco de mis pasos resonaba como si incluso las paredes obedecieran mi voluntad. Frente a mí, sobre una silla de hierro, estaba Danae. Mi hermana. La inocente, la dulce, la que se creyó capaz de robarme lo que me pertenecía.
Su respiración era tranquila, demasiado tranquila. La habían sedado. No era consciente de nada, apenas un fantasma sostenido por el