Kael
El sobre llegó por la mañana, entregado por un mensajero del juzgado. No tuve que abrirlo para saber que traía malas noticias. Había aprendido a reconocer el olor de la desgracia.
Rompí el sello con los dedos tensos, leí cada línea y sentí cómo la furia me atravesaba.
Una citación. Una demanda formal de custodia.
La abuela de Danae, esa mujer que siempre había tratado a sus nietas como a niñas frágiles, había decidido que yo no era un buen padre para mis hijos. Que debía quitarme lo único