Danae
Cuatro años.
Ese era el tiempo que había pasado desde que mi mundo se fracturó en mil pedazos. El tiempo que me tomó aprender a vivir con la ausencia, con el recuerdo de lo que había amado y perdido. Cuatro años desde que me convencí de que debía seguir adelante, no por mí, sino por los dos pequeños corazones que llegaron a mi vida para recordarme que todavía había razones para sonreír.
Ahora era una mujer distinta. No era la asistente tímida y perdida que llegó un día a Montenegro Enterp