Danae
El sol de la mañana entraba con fuerza por las ventanas de la casa de mi nana. El aire olía a café recién hecho y a pan tostado, y por un instante fingí que todo estaba bien. Fingí que no había un agujero en mi pecho ni un secreto quemándome por dentro.
Lana estaba de buen humor, tarareando una canción mientras sacudía los cojines del sillón. Mi nana, en la cocina, nos pedía que no trabajáramos tanto, pero nosotras insistíamos en ayudar. Yo necesitaba moverme, ocupar mi mente para no pens