Capítulo 42

Danae

El amanecer apenas rozaba las cortinas de mi habitación cuando escuché el crujido metálico de la manija. Me giré, todavía en bata, con el cabello suelto sobre los hombros, y lo vi. Kael. De pie en el umbral, con el traje impecable como si llevara horas despierto, y ese rostro hermético que me helaba la piel.

—Hoy no vas a la oficina —dijo sin preámbulo, su voz fría como el acero.

Me quedé inmóvil, la peineta en la mano a medio camino de recoger mi cabello.

—¿Cómo dices? —pregunté, incréd
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