El amanecer me encontró en el despacho, con los documentos de la operación esparcidos sobre la mesa y una taza de café fría al lado. No había dormido nada. No podía. Desde la noche anterior, desde que escuché a Danae murmurar entre sueños mi nombre sin entender por qué, el sueño se volvió un lujo que no podía permitirme.
La observé durante horas desde el umbral de su habitación, con esa mezcla de alivio y miedo que me devoraba por dentro. A veces me preguntaba si todo era una ilusión, si la men