Kael
El avión aterrizó bajo la oscuridad de la madrugada, con un rugido grave que pareció arrancarme el poco descanso que me quedaba en el alma.
Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos, como brasas encendidas, y por un instante pensé en todo lo que había dejado atrás en esa isla. O, mejor dicho, todo lo que me había atrevido a recuperar.
Danae iba sentada junto a mí, mirando por la ventanilla sin decir una palabra. La vi apoyarse en el cristal, perdida, con la mirada fija en algo que ni siq