Livia
Miré la escena con desprecio, una cosa era que no sintiera nada por las muertes de quienes lo merecían, pero aquella joven… no, era injusto.
—¿Qué demonios te sucede? —lo enfrenté—. ¡La mataste, hijo de puta!
El cuerpo inerte de la mujer, siendo pateado como si su vida no hubiese valido nada y sin merecer el más mínimo respeto.
—Me tiró la bandeja encima —murmuró molesto, pasando por mi lado—. Ni se te ocurra tocar esa mierda.
—¿Porque tú lo dices crees que no lo haré? —inquirí irónica—.